Los Estados Unidos y las sanciones internacionales. Nieves C. Pérez Rodríguez

El lanzamiento del Hwasong-14, el primer misil balístico intercontinental de Corea del Norte, ha acelerado un proceso que se veía venir. Washington empieza a dar síntomas de cansancio frente a la pasividad de Pekín en neutralizar las aspiraciones nucleares de Pyongyang. Cada misil que lanza Kim Jong-un es un avance peligroso en su carrera armamentística y Estados Unidos no puede permitirse dar síntomas de debilidad. Por lo que Trump utiliza las sanciones internacionales como un mecanismo diplomático para castigar a China frente a su inacción.

Las sanciones internacionales impuestas por los Estados Unidos son productos de un proceso cuyo protocolo comienza con una orden ejecutiva que autoriza al gobierno estadounidense a sancionar a personas particulares, instituciones y/o estados. Normalmente, el presidente delega en el Departamento del Tesoro, concretamente en la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC, por sus siglas en inglés) para llevar a cabo una investigación exhaustiva. Una vez concluida se presenta en un documento que, finalmente, es firmado por el director de esta oficina quien da la orden de sancionar a las personas o entidades y que se le congele el acceso al sistema financiero estadounidense.

El gobierno de los Estados Unidos impone sanciones a individuos, compañías y naciones por varias razones, pero en el fondo las consecuencias prácticas son siempre las mismas y tienen como fin dificultar las relaciones comerciales en todo lo posible. De acuerdo con Adam Smith, un alto oficial responsable de sanciones en la Administración Obama, los Estados Unidos cuentan con el sistema de investigación más capaz y eficiente en el mundo para determinar la necesidad de imponer una sanción. Razón por la que frecuentemente las entidades sancionadas por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas son  propuestas por el Departamento del Tesoro.

David Cohen, ex director adjunto de la CIA y vicesecretario del Departamento del Tesoro para terrorismo e inteligencia financiera, afirma que las sanciones no son de carácter punitivo sino que están diseñadas para generar un cambio de comportamiento.

A lo largo de los años se han ido creando diferentes programas de sanciones entre las que se encuentran: contra el terrorismo, la proliferación armamentística, las sanciones impuestas a Irán (una excepción porque estas sanciones fueron aprobadas por el Congreso), o el caso de las sanciones a Rusia por el caso de Crimea en el 2014. En cuanto a los países que apoyan el terrorismo, las sanciones son impuestas por el Departamento de Estado y, por lo general, conlleva restricciones a las ayudas internacionales, incluida la humanitaria, y prohibición de exportaciones, entre otras.

Las sanciones a Corea del Norte son un buen ejemplo en el que Estados Unidos está constantemente tratando de asegurarse que la condena impuesta por el Consejo de Seguridad sea similar a la impuesta por ellos mismos, debido a que el impacto es mayor cuantos más países de la comunidad internacional apliquen las mismas medidas, de acuerdo con David Cohen.

Tareck El Aissami, vicepresidente de Venezuela, fue sancionado a título personal por la administración Trump por narcotraficante internacional y, en el momento de imponer las sanciones, el Departamento del Tesoro insistió en aclarar que no eran contra el gobierno venezolano sino contra un individuo. En este caso, la acción implica la congelación de cualquier bien que tenga en territorio estadounidense, así como la prohibición de que ciudadanos de los Estados Unidos realicen transacciones comerciales con el sancionado o algunas de sus empresas.

En el caso de las sanciones a China se está castigando políticamente a Xi Jinping por su inacción en la explicita solicitud de Washington de presionar para desnuclearizar Corea del Norte o al menos cortarles los suministros, sabiendo que es China el único país capaz de hacerlo. Se ha comenzado con sancionar a pequeñas entidades bancarias, como un proceso progresivo de presión diplomática. Pero no cabe lugar a dudas, que frente al potencial peligro y avance nuclear de Pyongyang habrá más sanciones económicas a China en un intento por agotar las vías diplomáticas antes de llegar a una acción militar a la que todos temen y en la que las consecuencias son difíciles de predecir. Y en el fondo a Pekín, a pesar de gustarle el juego sutil, le aterra los efectos directos que una acción militar de Occidente, empezando por una inmigración en estampida de coreanos del norte a su territorio, sin contar con el efecto económico regional, la inestabilidad en el Pacifico e incluso encontrarse geográficamente en el medio de una guerra.

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