INTERREGNUM: Xi en el Panteón. Fernando Delage

El Pleno del Comité Central del Partido Comunista Chino celebrado la semana pasada, el último previsto antes del XX Congreso (octubre de 2022), elevó a Xi Jinping a una posición sólo mantenida con anterioridad por Mao Tse-tung y Deng Xiaoping. Al mismo tiempo, aprobó una resolución sobre la historia del Partido en la que se definió al pensamiento de Xi como “marxismo del siglo XXI” y “esencia de la cultura y el espíritu chinos”.

Como han subrayado los medios, esta resolución se suma a las adoptadas en 1945 y 1981, en lo que supone la definición oficial de una tercera etapa en la evolución del Partido y de la República Popular. La primera de ellas confirmó a Mao como líder de la organización frente a sus rivales, cuatro años antes de su victoria sobre las tropas nacionalistas. La de 1981 pretendió dejar atrás los excesos ideológicos del maoísmo mediante una confusa disculpa por el trauma de la Revolución Cultural. La nueva resolución sirve igualmente a un fin político, en el año en que se conmemora el centenario de la fundación del Partido.

Esta vez no hay ningún tipo de autocrítica (el “nihilismo histórico” ya fue prohibido por el Comité Central en 2013), sino un insistente elogio compartido a Xi, Mao y Deng Xiaoping como responsables de “la extraordinaria transformación derivada de la unificación y la prosperidad que han permitido hacer fuerte” a China. Si Mao fue el fundador de la República Popular y Deng el artífice del crecimiento, en la “nueva era” de Xi China se ha convertido en una nación moderna con influencia global.

La última sesión plenaria del Comité Central previa a un Congreso sirve para que los dirigentes del Partido limen sus diferencias y den forma a un consenso que permita evitar las sorpresas. Pese a la aparente fortaleza que transmite al exterior la figura de Xi, tampoco han faltado esta vez indicios de luchas y maniobras internas. Para algunos observadores resulta significativo en este sentido que Xi no haya realizado ningún viaje al extranjero durante los dos últimos años. Otros analistas hacen hincapié en el hecho de que la resolución mencionara de manera explícita aunque concisa (al parecer no lo hacía un borrador anterior) a los antecesores de Xi, Jiang Zemin y Hu Jintao. La causa podría ser que cuadros vinculados a ambos exdirigentes ocupan aún puestos de relevancia en la estructura del Partido, y no ven con buenos ojos la excesiva acumulación de poder por parte del actual presidente.

Nadie duda, sin embargo, de que, al contrario que Jiang y Hu, que dejaron el poder tras dos mandatos sucesivos, Xi será nombrado para un tercer período en 2022 e, incluso, para un cuarto en 2027. Llegaría así al XXII Congreso en 2032, con 20 años en el poder a sus espaldas. Sus cálculos parecen coincidir con sus objetivos marcados para 2035—año en que cumplirá 82 años, la edad a la que murió Mao—para hacer de China un país de clases medias.

La próxima década estará marcada, no obstante, por diversos problemas. La modernización económica no podrá avanzar eternamente sin cambios políticos, pues la sociedad china terminará exigiendo algún tipo de participación en la vida pública y de control del poder. Las divergencias internas en el Partido pueden anticiparse, incluso, a las exigencias populares. Y si las actitudes de la opinión pública y de las elites pueden cambiar, uno de sus principales motivos será probablemente el cambio del entorno económico y el curso de la rivalidad con Estados Unidos.

Como no podía ser de otro modo, el ritmo de crecimiento de la economía china se está frenando. Pese a los esfuerzos de Xi por corregir los desequilibrios sociales (bajo el lema de “prosperidad común”) y reducir la dependencia del exterior (conforme a la estrategia de “circulación dual”), los desafíos que plantean la situación del medio ambiente y, sobre todo, el rápido envejecimiento de la población, pueden torcer las expectativas de Xi. Es lógico, por tanto, que haya llegado a un acuerdo con Washington en la cumbre de Glasgow sobre cambio climático, como lo es también que quiera reducir la hostilidad con Estados Unidos a partir de su primer encuentro (virtual) con Biden esta misma semana. Adquirir un estatus similar al de Mao y Deng no garantiza a Xi la capacidad de gestionar fuerzas estructurales que escapan al control de cualquier líder político.

Washington blinda sus sistemas de comunicación   Nieves C. Pérez Rodríguez

El pasado 11 de noviembre en Washington se daba un paso más para bloquear los huecos legales que han permitido los abusos de empresas de tecnología extranjera como Huawei. Biden firmaba “la ley de Equipos seguros 2021 (the Security equipment Act)” que había sido aprobada por unanimidad en el Senado a finales de octubre y con 420 votos a favor y sólo 4 en contra en la Cámara de Representantes. Con la aprobación de esta ley Estados Unidos se garantiza que los equipos no confiables, que se emplean en las comunicaciones, no puedan estar autorizados para su uso dentro de las fronteras estadounidenses.

La ley en cuestión va a prevenir que en el futuro se puedan producir ventas o integración de empresas como Huawei, ZTE, Hytera Communication Corp, Hikvision Digital Technology y Dahua Technology Co, respaldadas por el Estado chino, en los Estados Unidos, independientemente de si hay fondos federales involucrados.

El año pasado Trump estableció un fondo de mil millones de dólares para la Comisión Federal de Comunicaciones (CFC), para que ésta pudiera ayudar a empresas de telecomunicaciones más pequeñas a retirar y reemplazar equipos existentes que fueron considerados como una amenaza. En el 2020, la CFC ya había adoptado medidas para exigir que los operadores de telecomunicaciones estadounidenses reemplazaran o cambiaran equipos de Huawei y ZTE así como de otras compañías que representan un riesgo para la seguridad nacional de los Estados Unidos. Si bien esa medida fue importante en ese momento, esa normativa sólo podía aplicarse a los equipos comprados con fondos federales, pero si esos mismos equipos eran adquiridos con fondos privados o incluso públicos pero “no federales” podían seguir adquiriéndose. Por lo que esta nueva ley cierra ese vacío legal.

La presidenta de la CFC Jessica Resenworcel afirmaba en una declaración dada al grupo mediático Gizmodo que “la legislación envía una fuerte señal de bipartidismo de que Estados Unidos se toma en serio la creación de un mercado sólido y seguro para las alternativas del 5G”.

Ed Markey, senador demócrata por Massachussets, afirmaba al respecto de ésta legislación, que “en un mundo cada día más interconectado nosotros debemos impulsar a nuestra tecnología con nuestros valores, especialmente la red del 5G que es crítica para el futuro y la prosperidad económica”.

Huawei admitía recientemente que había sufrido una importante caída en las ventas debido a las medidas que ha venido imponiendo Estados Unidos. En efecto, en julio del año en curso el Departamento de Comercio añadió catorce compañías más a su lista negra de entidades que representan riesgos para la seguridad nacional, y en esa lista entró ZTE y Huawei. La firma de esta ley tuvo lugar solo tres días antes de la reunión virtual acordada entre Biden y Xi Jinping lo que demuestra la firme postura de la Administración Biden con respecto a China. A pesar de la tremenda polarización política que se está viviéndose en los Estados Unidos, existe una postura unánime en cuanto a China y en poner fin a las maliciosas prácticas económicas de las compañías chinas que empiezan a padecer las consecuencias de sus acciones.

 

“La desinformación es origen de muchos de los males de nuestra sociedad”. Entrevista a Julián Macías Tovar. Isabel Gacho.

Desde 4Asia hablamos con Julián Macías Tovar, experto en redes sociales y creador de pandemiadigital.net. Macías ha trabajado los últimos años como responsable de redes sociales, compaginado su labor con la investigación sobre el origen de la desinformación. Para el experto “hay un mundo desconocido al que no se le presta mucha atención y es el origen de muchos de los males de nuestra sociedad”.

¿Por qué investigar sobre ello? “Un punto de inflexión en mi interés sobre el tema fue cuando analicé, durante del golpe de Estado en Bolivia, la conversación digital que tuvo lugar esos días y me encontré algo que no me esperaba encontrar” explica. “Buscar bots a veces es buscar una aguja en un pajar, pero lo que encontré en Bolivia fueron solo agujas, no había paja. En una semana se crearon más cuentas falsas que las que existían con anterioridad en el país”. En este caso, las investigaciones que llevó a cabo acabaron siendo consultadas por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos para redactar su informe sobre el golpe. Con la pandemia “todo se acentuó” y Macías vio paralelismo entre lo que él llama pandemia digital y la pandemia del coronavirus, en el sentido de que “hace daño y llega indiscriminadamente a todo el mundo”. Esta expansión se dio “tanto a nivel cuantitativo como cualitativo, porque no solo empezamos a pasar más tiempo conectados, sino que también la incertidumbre favoreció la penetración de la desinformación”.

Para hacer frente a lo que encontraba decidió crear espacios “de empoderamiento y para generar debate”. En un primer momento en Telegram y en la web y próximamente en Twitch. En ellos, pone a disposición de los usuarios herramientas de análisis forense digital para que la gente las pueda usar, además de una selección de artículos y documentales de interés sobre el tema que ayuden a comprender cómo se opera. “Esto es una batalla y estamos en una fase en la que la población desorganizada hace frente a unos espacios muy bien organizados”. Para “librar esta batalla”, primero es necesario armar defensivamente a la población, para, posteriormente poder luchar contra “este monstruo”. “Ahora estamos con tirachinas, David contra Goliat. Un Goliat, además, con mucha impunidad.”

Pero, ¿qué hay detrás de este monstruo? ¿cómo funciona? Para el creador de Pandemia Digital, se juntan los “viejos espacios economico-políticos con las nuevas plataformas digitales”. “En América Latina, por ejemplo, es lo que yo llamo Operación Cóndor 2.0, porque son los mismos ideólogos con la misma falta de escrúpulos. Atlas Network, que nació con Ronald Reagan, se ha ido perfeccionando y ahora tiene una pata tecnológica”. Por su parte, las plataformas digitales, son participes necesarias “por acción u omisión”. “En primer lugar, por intereses económicos, pero hay indicios de que también priman los intereses geopolíticos”. Para justificar su tesis se remonta a los orígenes y la financiación de estas plataformas. “Hay que recordar que Silicon Valley nació como espacio para que los ingenieros desarrollaran proyectos para la batalla por la hegemonía contra la URSS. Y que internet nació como proyecto de inteligencia militar”. Y, parafraseando a “los clásicos” -Edward Snowden y Julian Assange-: “son herramientas de espionaje para uso geopolítico: todo el tráfico de datos se procesa y llega a los servicios de inteligencia”.

Con los ojos puestos en un pasado más cercano, Macías recuerda, entre otras cuestiones, el controvertido perfil de Peter Thiel: primer inversor de Facebook y jefe de su junta directiva. “El socio capitalista de Zuckerberg que fue pionero en la utilización de datos, es también el principal asesor de tecnología de Donald Trump y creador de Palantir.” Una empresa que El Confidencial describe como “una de las mayores contratistas del gobierno para el espionaje sistemático, analítico y predictivo de la población mundial”. Una compañía similar a esta última, y más conocida para el usuario medio es la Cambridge Analytica de Robert Mercer. “Cambridge Analytica es una bomba de humo, una matriz de una empresa más grande que se llama CLS Group que lleva 20 años trabajando con los mejores expertos en psicología de EEUU y con todas las plataformas digitales investigando sobre como cambiar comportamientos de grandes masas a través de imputs”, explica Macías.

Además de sus análisis sobre origen y financiación de la desinformación, también trata de desentrañar los elementos de las estrategias, “es crucial la vertiente psicológica: con mentira y odio vas lobotomizando a sectores de la población y generando odios irracionales”, señala. “Además hay que alimentarlos con raciones diarias y esto se ve potenciado por las burbujas ideológicas que se crean gracias a los algoritmos”. El creador de Pandemia Digital también nos explica cómo se consigue penetrar en burbujas ideológicas contrarias para expandir desinformación desde dentro: “Una de las estrategias que se sigue para penetrar estas burbujas es la creación de cuentas aparentemente afines, que, a través de publicar contenido y seguir cuentas similares logran entrar en el nicho, para, posteriormente propagar desinformación”.

Otra cuestión de la que charlamos con él es el qué hacer cuando esta maquinaria de odio difunde mentiras sobre un sujeto en concreto: “Dicen una burrada sobre ti y tus opciones son ignorar o desmentir. Al ignorarlo, lo estás dando por bueno, por lo que esa desinformación se puede amplificar a través de medios de comunicación”. “Por otro lado, al desmentirlo, abres tu burbuja a su marco comunicativo”.

Además, el experto reflexiona sobre el cambio que ha sufrido internet en la última década: “La ventana de oportunidad que hizo posibles las primaveras árabes y el 15M ha cambiado. El poder de influencia de las redes es cada vez menor”.  “En 2011, una publicación en tu página de Facebook le llegaba de media a un 26% de tu comunidad. En 2021 llega a un 0,1%”. Algo similar ocurre en otras redes sociales, como Twitter, donde los contenidos que ve el usuario son personalizados, en detrimento de los hashtags trasversales que hicieron posible las movilizaciones sociales de principios de la década pasada.

Como reflexión final, Macías apunta una de las claves de la dificultad para hacer frente a este problema: “La mentira es muy rápida, y para desarticularla se necesita mucho tiempo”.  Pero no por ello todo está perdido. “Lo que está en juego es la democracia, la verdad y la fraternidad contra el odio, la mentira e incluso la antidemocracia. Se está creando una sociedad peor que genera odios artificiales”. Por eso mismo se encuentra en “fase de afilar el hacha”, porque “el monstruo sigue creciendo y no hay nadie que le pare los pies”.

 

 

Xi y Biden se miden

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, está decidido a mantener posturas duras contra China a la vez que quiere dar la sensación de que, a diferencia de Donald Trump, tiene abierta la vía del diálogo para intentar llegar a acuerdos que desactiven el riesgo de un conflicto mayor y de incalculables consecuencias.

De ahí, el reciente encuentro virtual con el presidente Xi en el que ambos han presentado su propio memorial de agravios sin que, por el momento, se vislumbre acuerdo alguno más allá de las palabras que hablan de la voluntad de evitar el temido gran enfrentamiento. Desde la Casa Blanca se ha sostenido que “sabemos que, como líder global responsable, es importante para Estados Unidos mantener abiertos los canales de comunicación”, y añadieron que “el presidente también dejará claro que queremos construir salvaguardas comunes para evitar errores de cálculo o malentendidos”, agregando que no se esperan grandes resultados de la cumbre.

Por parte estadounidense, la agenda contiene, como condiciones para seguir con el diálogo, la defensa de Taiwán y la voluntad de mantener abierto el estrecho que separa a la isla de la China continental, la exigencias de que China respete la leyes de la libertad de comercio y que cesen las violaciones de derechos humanos en China, específicamente las que afectan a los musulmanes uigures y a los tibetanos. Por parte China, ya antes de la reunión señalaron que conseguirían la integración de Taiwán. “en la patria china, cueste lo que  cueste”. Y respecto a las otras cuestiones, Pekín sitúa en Estados Unidos las prácticas ilícitas contra la economía china y acusa a Occidente de mentir sobre la violación de derechos humanos.

Pekín afirma que “China y Estados Unidos deben respetarse mutuamente, coexistir en paz, cooperar, gestionar de manera apropiada los asuntos internos y asumir sus responsabilidades internacionales” .

Así están las cosas mientras China aumenta la presión militar sobre Taiwán sobrevolando una y otra vez su espacio aéreo y haciendo visible a sus fuerzas navales en las cercanías y Estados Unidos refuerza sus propias fuerzas navales en la región en coordinación con Australia y Reino Unido.

Según informa el corresponsal del diario ABC en China, Pablo Díez, “a pesar de sus numerosas diferencias, Xi Jinping ha recordado que las dos economías más importantes el mundo y miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, China y EE.UU., necesitan fortalecer la comunicación y la cooperación, abordar bien sus respectivos asuntos domésticos y asumir sus responsabilidades internacionales, trabajando juntos para promover la noble causa de la paz y el desarrollo de la humanidad». A tenor de una transcripción de sus declaraciones iniciales difundida por el Ministerio de Exteriores de China, se ha mostrado preparado para trabajar con Biden «con el fin de construir el consenso y dar pasos decididos para que las relaciones bilaterales avancen en una dirección positiva”.

 

 

INTERREGNUM: El meteórico ascenso militar chino. Fernando Delage

El pasado miércoles, el Departamento de Defensa de Estados Unidos hizo público su informe anual sobre las fuerzas armadas chinas; un documento que da idea de los extraordinarios avances que se han producido en el desarrollo de sus capacidades militares, y que agravará de nuevo las tensiones entre ambos países. Tras la sorpresa del proyectil hipersónico probado por China en agosto sin que fuera detectado por Estados Unidos, la publicación coincide con una espiral de enfrentamiento entre China y Taiwán, después de que, hace unas semanas, aviones chinos realizaran docenas de incursiones en la cercanía del espacio aéreo de la isla. La República Popular cuenta cada vez con mayores medios para intimidar a Taipei, pero su desarrollo militar envía igualmente un mensaje a Washington, en particular en el terreno naval y nuclear.

Los progresos en la modernización naval china constituyen, en efecto, uno de los puntos más destacados por el Pentágono en su informe. China posee ya la mayor flota del planeta, con unos 355 buques en su armada, una cifra que aumentará hasta las 420 unidades en cuatro años, y podría alcanzar las 460 hacia 2030. Según el documento, China persigue la adquisición de nuevas capacidades antisubmarinos y de misiles de largo alcance que puedan lanzarse desde buques y submarinos, lo que mejorará notablemente su proyección de poder militar más allá del Indo-Pacífico. Otro importante aspecto en este sentido es la atención dedicada a la reorganización interna de la armada y a su integración con los restantes fuerzas y cuerpos de seguridad.

En cuanto a su arsenal nuclear, el departamento de Defensa estima que China tendrá unas 700 cabezas nucleares hacia 2027, y 1.000 antes de terminar esta década, una cifra que supera con creces la propia estimación hecha por el Pentágono el año pasado (consideró que dicho arsenal pasaría de poco más de 200 a unas 400 unidades a lo largo de la década). Cuadruplicar o quintuplicar sus recursos, además de la expansión de sus plataformas nucleares en tierra, mar y aire, refleja la intención de Pekín de buscar un equilibrio con Estados Unidos también en este frente. Y, naturalmente, la mención del año 2027—fecha en que se celebrará el centenario de la fundación del Ejército de Liberación Popular—implica que China tendrá un mayor margen de maniobra con respecto a una eventual contingencia relacionada con Taiwán, al limitarse de manera significativa las opciones norteamericanas.

Sumados a los progresos realizados en otras áreas como el ciberespacio y el espacio, no puede negarse el extraordinario salto cualitativo dado por China en el terreno militar, y la consiguiente erosión que ello representa para la posición regional y global de Estados Unidos. El debilitamiento de la capacidad disuasoria de Washington es lo que le ha llevado a fortalecer sus acuerdos con los aliados—mediante el QUAD y el AUKUS, entre otras fórmulas—, pero también puede dar pie a una carrera de armamentos especialmente peligrosa, al no poder mantenerse la cuestión nuclear fuera de la ecuación.

Ante los avances chinos, los expertos se preguntan si Pekín está abandonando su política tradicional de “mínima disuasión” y de renuncia al “primer uso” de armamento nuclear. La creciente vulnerabilidad mutua de ambos gigantes debería obligarles a incorporar el tema a su diálogo estratégico a partir de la próxima cumbre virtual Biden-Xi, prevista para antes de finales de año, y a intentar llegar a algún tipo de acuerdo en materia de control de armamentos.

 

Xi el nuevo Mao. Nieves C. Pérez Rodríguez

El lunes 8 de noviembre comenzó en Beijing la sexta sesión del Pleno del Comité Central del Partido Comunista chino presidido por Xi Jinping en su calidad de secretario general del partido.

Este encuentro, que tiene lugar cada cinco años, reúne a los delegados y figuras políticas más destacadas de China. En esta ocasión, la reunión que se celebra como siempre a puertas cerradas congrega a cerca de 400 miembros del Comité Central y como en cada oportunidad se esperan con ansias los anuncios que saldrán de allí, que estaremos conociendo a finales de la esta semana.

El mes pasado, previo a este importante encuentro, se reunía el Comité Central del PC chino y allí decidieron cuándo sería la sesión plenaria, y que ésta tendría una duración de cuatro días.  En el comunicado oficial hecho público en octubre se afirmaba que “La nación china avanza hacia la modernización en todos los frenes y el socialismo ha abierto un camino exitoso en el país más poblado del mundo”, y se anticipaba que se analizarán los últimos cien años de historia del partido en el pleno. Aunque pocos datos fueron revelados sobre lo que se discutiría o aprobaría.

El comunicado también subrayaba que “a través de la lucha tenaz, el PC y el pueblo chino le han demostrado al mundo que la nación china ha logrado la tremenda transformación de levantarse, crecer y prosperar”  y que “el rejuvenecimiento nacional de China se ha convertido en una inevitable realidad”.

Los plenos del partido se hacen para hacer revisión de la gestión política de los últimos cinco años y también para plantear la visión del futuro de los años siguientes. El PC lo usa como propaganda para resaltar méritos, aunque también se ha aprovechado para corregir errores como sucedió en los años ochenta cuando emitieron la segunda resolución.

A lo largo de los cien años de existencia del PC chino se han aprobado dos resoluciones; la primera fue en 1945 que consolidó a Mao Zedong como líder indiscutible frente a sus rivales y además se incorporó la ideología del marxismo leninismo en el devenir político chino.

Xulio Ríos en su más reciente libro: La metamorfosis del comunismo chino afirma que “la insistencia de Mao en partir de la realidad y en no copiar mecánicamente experiencias extranjeras se convirtió en un mantra recurrente”. El buscar “la verdad de los hechos”, el combate del sectarismo, la crítica del “estilo cliché” en el Partido, pasaron a formar parte del vademécum ideológico de PC chino, asentando un método de análisis y estudio de los problemas, con examen crítico y autocrítico, de las circunstancias y su naturaleza, que pervive hasta hoy día, considerándose un recurso de vital importancia para fraguar consensos y tomar decisiones”.

La segunda resolución tuvo lugar en 1981 en la que se reconocían los errores de Mao y se daba comienzo a una nueva era de reforma y apertura de la mano de Deng Xiaoping. Admitiendo los errores de la era de Mao, Deng daba comienzo a la transformación e intentaba dejar atrás el pasado.

En ambos casos las resoluciones consolidaron a los líderes de su momento en el poder, por lo que se espera que de esta sexta plenaria que se está llevando a cabo emita una tercera resolución que ratifique a Xi y dé claves de cuál será el camino político que seguirá China en los siguientes años.

Xi ostenta tres cargos: es secretario del partido, Jefe de Estado y Presidente de la Comisión Militar Central, por lo que se espera que se proclame de manera oficial la entrada de China a una nueva era, la era de Xi Jinping aunque haya estado en el poder desde 2013.

Xi sabe bien cómo lograr sus objetivos. Un buen ejemplo fue lo que hizo en 2017 cuando cambió el tiempo establecido de reelección del líder supremo, derogando el límite de dos mandatos de cinco años cada uno, y adjudicándose así mismo el poder por tiempo indefinido.

“El pensamiento de Xi Jinping sobre el socialismo con características chinas para una nueva era” ahora se estudiará en los colegios y será la guía de comportamiento de cualquier chino que quiera ser considerado buen ciudadano. Es lo más parecido al liderazgo de Mao pero en pleno siglo XXI.

De acuerdo a la agencia oficial Xinhua durante el pleno “Xi presentaría un informe con los principales logros y la experiencia histórica de los cien años de vida del partido”, por lo que es muy probable que salga con su liderazgo más fortalecido y como una imagen que representa el líder del futuro de la nación.

Sin embargo, no podemos olvidar que China tiene grandes retos por delante que seguro están siendo discutidos en esta plenaria, como es la edad de retiro que actualmente es 60 años para los hombres y ya se había hablado de hacer un aumento de esa edad gradualmente. Con una población cada día más mayor, Beijing tiene que tomar decisiones rápidamente para poder seguir manteniendo el sistema de pensiones  que tiene, que valga acotar afecta al gran grueso de la población.

Con un triángulo poblacional invirtiéndose, el problema es más complejo, pues obviamente menos ciudadanos cotizan, pero también mayor escasez de mano de obra. Y si a eso, además, se le suman lo altos precios de las viviendas, casi inaccesibles, junto con la dificultad de encontrar parejas por la carencia de mujeres debido a la política de un solo hijo y discriminación de sexo que estuvo en pie por décadas, el panorama social es realmente complejo.

Xi ha conseguido incluir su filosofía en los estatutos del partido, lo que lo catapulta como líder y lo ubica al nivel de Mao. Y China ha conseguido un crecimiento realmente espectacular incomparable con otra nación, pero los problemas internos que tienen son complejos y de difícil solución. Y la historia ha demostrado que la concentración del poder en torno a un solo líder funciona en China porque es algo a lo que culturalmente está acostumbrados, pero eso no atenúa la gravedad de la situación que además se ha visto más agravada por la pandemia.

 

 

 

Rusia-China, aliados que se vigilan

La necesidad de un frente contra Estados Unidos se ha convertido en virtud y ha hecho que Moscú y Pekín haya estrechado lazos en los últimos años presentando una cara propagandística de alianza sin fisuras. Rusia ofrece a China recursos energéticos en forma de gas natural, además de material militar y sistemas de tecnología de guerra avanzada, y China para generosa y puntualmente, además de invertir en proyectos rusos en los que son necesarios recursos financieros exteriores.

Pero la realidad ofrece una cara diferente en la que se advierten grietas en función de los intereses nacionales de cada uno de estos países, como, por otra parte, ocurre con el resto de naciones incluso entre las más estrechamente aliadas.

Sin embargo, el caso ruso chino es un poco especial. Moscú vigila atentamente el plan de inversiones, para modernización y refuerzo de las fuerzas navales chinas, a la vez que desarrollan maniobras  conjuntas tratando de mostrar músculo frente al AUKUS, la alianza entre Gran Bretaña, Estados Unidos y Australia. Una parte de la modernización de la flota de guerra china consiste en reforzar sus unidades navales capaces de navegar y combatir en zonas polares y árticas, pensando no sólo en Alaska sino en la parte rusa del Estrecho de Bering. En esa zona y en el norte de Rusia, está apareciendo, con el deshielo, la posibilidad de explotar enormes y nuevos recursos minerales y energéticos.

Y no es sólo eso. China necesita reforzar su presencia y su influencia en las repúblicas centroasiáticas que formaron parte de la URSS porque por allí pasa la estrategia china de nueva Ruta de la Seda en su versión terrestre y Rusia acepta pero contiene el esfuerzo chino en una región en la que Moscú ejerce de gran padrino y donde tiene importante presencia militar para reforzar sus intereses estratégicos en las fronteras con Irán, Afganistán y en la cercanía del Indostán.

Así, a la vez que Moscú y Pekín, con la Organización de Cooperación de Shangai, de la que forman parte, además de Rusia y China, las repúblicas centro asiáticas (y ahora Irán) tratan de liderar la estabilidad de la región y especialmente Afganistán, se vigilan para acotar las esferas de influencia de uno y otro. China dispone de inversiones para fortalecer la economía afgana y obtener una ración grande de sus recursos naturales y Rusia tiene los recursos militares y políticos para que esas inversiones chinas (y rusas en menor medida) se muevan en un marco de estabilidad. Así quieren rellenar el vacío dejado por la precipitada retirada de Estados Unidos pero manteniendo los ojos cada uno en el otro.

Un informe de la FAES  (Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales que preside el expresidente Aznar, subraya que “Rusia ha puesto en marcha su maquinaria oficialista de desinformación y propaganda: la principal lección que los afganos deben sacar de la retirada estadounidense es que los americanos siempre hacen lo mismo, usar a la gente para que trabaje para ellos y les ayuden, pero luego los abandona y los entrega al enemigo. Esos mensajes están más dirigidos a la población vecina de Ucrania y a los propios rusos prooccidentales que a los afganos. A pesar de la propaganda, el Kremlin no confía en que Washington abandone a todos sus aliados y deje de apoyar a las fuerzas prodemocráticas en los países del espacio postsoviético donde Rusia aspira a ejercer su influencia. A los ciudadanos rusos, la retirada estadounidense les recuerda el fracaso de la Unión Soviética en la guerra de Afganistán (1979-1989), que fue una de las principales causas del colapso del sistema comunista. Sin embargo, su retirada, en comparación con la de los EE.UU., fue mucho más ordenada”.

 

 

 

 

 

 

THE ASIAN DOOR: Una COP26 poco agresiva mientras China anuncia su plan. Águeda Parra

En las semanas previas a la celebración de la COP26 en Glasgow, Reino Unido, la atención se ha centrado en las altas expectativas puestas sobre el encuentro, esperando que la cumbre fuera recordada por establecer una hoja de ruta más ambiciosa y agresiva contra el cambio climático. En estos días, el análisis científico independiente proporcionado por Climate Action Tracker ha presentado los riesgos de no hacer todo lo posible mientras todavía se está a tiempo, planteado diferentes escenarios según la senda de crecimiento de las emisiones actuales. Un escenario que, aunque pesimista, ha conseguido arrancar apenas un par de acuerdos entre los líderes asistentes a la COP26.

De continuar la evolución actual de emisiones de gases de efecto invernadero, las predicciones indican que solamente la trayectoria de emisiones correspondiente a los países del G20 ya conducirían a un calentamiento de 2,4 ºC al final de este siglo, lejos del objetivo fijado de no superar los 1,5 ºC respecto a los niveles preindustriales. Tras el descenso registrado durante los meses de mayor impacto de la pandemia, los ritmos de recuperación económica están generando un repunte de las emisiones de gases contaminantes entre los países del G20, que podría elevarse hasta un 4%, según un informe de Climate Transparency. De hecho, los veinte países más ricos del mundo son responsables de alrededor del 75% de los gases contaminantes.

Durante la celebración de las cumbres climáticas afloran numerosos análisis y estimaciones que muestran el avance de los planes climáticos. Entre ellos, destaca el emitido por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente que advierte de que el mundo solamente dispone de ocho años para reducir a la mitad los gases de efecto invernadero si se pretenden alcanzar los compromisos del Acuerdo de París. Un planteamiento que revela, asimismo, que con los compromisos anunciados por los países del G20 solamente se conseguirá reducir las emisiones en un 7,5%.

Compromisos sí, pero quizá no todos los que se esperaban. Desde Washington se ha buscado que los dos mayores emisores de carbono del mundo, entre Estados Unidos y China acumulan el 40% de las emisiones globales de carbono, alcanzaran un acuerdo que pudiera anunciarse durante la cumbre. Las reuniones preparatorias no han sido exitosas, y la falta de asistencia de Xi Jinping a la COP26 ha rebajado la expectativa de que se pudieran alcanzar objetivos más ambiciosos.

Tres días antes de que se celebrara la COP26, China ya realizó uno de los anuncios más relevantes de la cumbre. Se trata del “Plan de acción de pico de emisiones de carbono de China 2030”, en definitiva, la contribución nacional (NDC, por sus siglas en inglés) para las próximas décadas donde se especifica el despliegue sectorial de reducción de emisiones. Sin fijarse nuevos límites a los ya anunciados, el documento sí especifica que la intensidad energética se reducirá en más de un 65% (las emisiones de CO2 por unidad de PIB) con respecto a los niveles de 2005, cuando antes se barajaba una intensidad entre el 60% y el 65%. El documento también eleva la proporción de consumo de combustibles no fósiles en el mix energético hasta el 25% en 2030, que mejora las previsiones respecto del objetivo anteriormente anunciado del 20%.

Entre las propuestas que han tenido un mayor éxito durante la cumbre climática figura el compromiso de poner fin a la deforestación en 2030, firmado por más de cien líderes mundiales, China entre ellos, que incluye fondos públicos y privados que alcanzan los 19.000 millones de dólares. Los países firmantes agrupan el 85% de los bosques del mundo, recuperando un compromiso que ya se formalizó en 2014, aunque en esta ocasión se espera que tenga un mayor éxito por el volumen de la financiación prevista y por los países clave que apoyan el compromiso.

Una de cal y otra de arena. El compromiso colectivo de reducir las emisiones de gas metano en un 30% para 2030, que incluye entre los países clave a Estados Unidos y Europa como dos de los mayores consumidores de gas natural, es otro de los acuerdos alcanzado por más de 90 países, dos tercios de la economía mundial. Entre los ausentes figuran China, Rusia e India que, conjuntamente, generan alrededor de un tercio de las emisiones de metano.

Dos grandes acuerdos, aunque uno de ellos no haya sumado los esfuerzos de todas las partes, que constatan que no se hayan alcanzado las expectativas creadas antes de la celebración de la COP26. Se esperaba una cumbre de acuerdos agresivos que frenaran significativamente el aumento de las temperaturas y las emisiones de carbono a nivel mundial que, finalmente, no ha sido tal.

WEBINAR: CHINA Y AFGANISTÁN. NI AMIGOS, NI ENEMIGOS, NI TODO LO CONTRARIO.

PROGRAMA WEBINAR

 

17 DE NOVIEMBRE DE 2021 •
INSCRIPCIÓN GRATUITA EN: contacto@4asia.es

 

18.30 – 18.45

Inauguración de la Jornada.
China y Afganistán. Ni amigos, ni enemigos, ni todo lo contrario.
Julio Trujillo, Director de 4Asia.

18.45 – 20.00 Mesa redonda.
Debate sobre el nuevo escenario económico, militar, político
y tecnológico de Afganistán y su relación con China.
Modera Julio Trujillo, Director de 4Asia.

Ponentes:
Fernando Arancón Ruiz.
Director de El Orden Mundial

Santiago Mondéjar.
Periodista. Experto en Relaciones Internacionales y conflictos.

Óscar Ruben Sánchez Artiles.
Ex agregado militar en la Embajada de España en Pekín y experto en
asuntos geoestratégicos asiáticos.

Said Hamed Wahdat Ahmazada.
Ex diplomático afgano destinado en la Embajada de Madrid. Doctor en
Derecho, Gobierno y Políticas Públicas.

20.00 – 20.30 Turno de preguntas, modera Julio Trujillo.

Nacionalismo chino hasta en el cine. Nieves C. Pérez Rodríguez

El primero de octubre se estrenaba en los cines en China la película La Batalla del Lago Changjin.  Su lanzamiento coincidía con el aniversario número cien del Partido Comunista chino y en plena celebración del día nacional en China. Una agenda doméstica milimétricamente planificada por el partido mientras a las afueras de la península enviaban más de 150 aviones militares a sobrevolar el espacio aéreo de Taiwán, todo como parte del mensaje nacionalista que se ha instituido en los últimos 72 años.

 La batalla del Lago Changjin, cuya duración es de 3 horas, contó con un presupuesto de 200 millones de dólares y fue producida por Polybona Film también llamado Bona film group, que es la empresa cinematográfica china más grande del país asiático. Según Patrick Brzeski, reportero de la industria del entretenimiento, esta película es la más cara producida en China hasta ahora y está en “en sintonía con el tono abiertamente nacionalista que ha caracterizado a gran parte de las producciones más taquilleras de China”.

La batalla del Lago de Changjin se centra en la guerra de Corea, específicamente entre el 27 de noviembre y el 13 de diciembre de 1950, sólo 17 días de la historia de esa época convulsa en la península coreana. En la producción se glorifican los sacrificios y el heroísmo de los soldados chinos contra las fuerzas estadounidenses durante la Guerra de Corea, que, valga acotar, en China se denomina “la guerra para resistir la agresión de los Estados Unidos y ayudar a Corea”.

Esta épica batalla marcaba justo el primer mes de participación de China en la Guerra de Corea, pues fue en octubre de 1950 cuando Mao Zedong, presionado por Stalin, ordenó a los soldados del entonces “Ejército de Voluntarios del Pueblo Chino” que apoyaran a los norcoreanos a pelear en contra de los Estados Unidos y los surcoreanos.

La película ha contado con tal éxito que lleva recaudado más de 60 millones de dólares según el Hollywood Reporter y todo apunta que será la más exitosa del 2021. Curiosamente se ha tergiversado ese episodio de la historia, pues ciertamente Mao envió tropas a cruzar la frontera para apoyar a su aliado norcoreano, pues se estima que enviaron más de 300.000 mil soldados, pero también se calcula que las bajas fueron tantas que ese episodio fue definido como una vergüenza histórica y hasta esta película no se ha hablaba apenas de la batalla.

Los soldados chinos en esa época no contaban con la indumentaria apropiada, a pesar de las bajísimas temperaturas de finales del mes de noviembre y las características propias del lugar de la batalla, pues el Lago de Changjin esta en la frontera entre China y Corea del Norte y se encuentra a una altitud de más de 2100 metros, lo que provoca que en invierno  se congele.

El contenido nacionalista de la película y la visión que presenta sobre la partición de los chinos en este corto pero doloroso episodio de la guerra es congruente con la agenda de Xi Jinping. Encaja con el deseo expresado en varias ocasiones por el mismo Xi sobre “el rejuvenecimiento nacional, que se ha convertido en una inevitable situación histórica” que busca definir el sueño chino, cuya fuente de inspiración es el famoso y buscado “sueño americano” de prosperidad.

El año pasado, coincidiendo con el setenta aniversario de la Guerra de Corea Xi, citaba a Mao en el gran salón del pueblo: …”Que el mundo sepa que el pueblo chino ahora está organizado y no se debe jugar con él”. Mientras, hacia una llamada a acelerar la modernización de las fuerzas armadas y la defensa del país aseverando que sin un ejército fuerte, no se puede tener una patria fuerte.

Tanto en los años cincuenta como hoy la lucha sigue siendo entre las ideologías, capitalismo versus comunismo. La situación actual cada día se asemeja más a la de la Guerra Fría, pero ahora protagonizada por China y Estados Unidos. Beijing no pierde ocasión para usar la propaganda y reforzar el mensaje nacionalista en su gente y, en efecto, esta película es prueba de ello, tomar una batalla que fue autodefinida como un fracaso y ahora se publicita como un éxito.