THE ASIAN DOOR: ¿Viajar? En breve un placer de unos pocos. Águeda Parra

Establecer un nuevo récord en el número de ciudadanos chinos que viajan al extranjero no va a ser posible durante 2020. Las restricciones impuestas a la movilidad internacional causadas por la pandemia del COVID-19 van a impedir que se supere la cifra de 145 millones de turistas chinos que se contabilizaron en 2019. La movilidad internacional está reducida a niveles nunca antes vistos, pero el placer de viajar se recuperará a medida que se vayan relajando las medidas de confinamiento promovidas por la crisis sanitaria.

China es una de esas regiones que comienza a experimentar cierto movimiento de turistas, aunque los signos de recuperación solamente se aprecian a nivel doméstico. Establecida la libertad de movilidad en todo el territorio nacional, China es uno de los primeros países que recupera la actividad del turismo, aunque exclusivamente nacional. No obstante, el turismo doméstico experimentará un descenso del 15,5%, según la China Tourist Academy, lo que supone 932 millones de viajes menos y una disminución anual de ingresos del 20,6% respecto a los datos registrados en 2019.

El primer signo de vuelta a la normalidad en China se ha producido durante las vacaciones del Primero de Mayo, un período de cinco días que la población ha aprovechado para recuperar la actividad del turismo. En este tiempo, China ha registrado 115 millones de desplazamientos, lejos de los 195 millones registrados hace un año. Sin embargo, es un dato que imprime cierto optimismo en la recuperación de la economía, después de que ésta sufriera durante el primer trimestre de 2020 la mayor contracción interanual en cuatro décadas. No obstante, supone un descenso en los ingresos de casi el 60% en comparación con los datos del mismo período del año anterior, según datos del Ministerio de Cultura y Turismo.

La navegación aérea en China también se ha beneficiado de esta vuelta a la normalidad. La primera semana de mayo apenas registró un descenso del 10% de la capacidad respecto a la misma fecha hace un año, aunque es posible que muchos vuelos fueran bastante vacíos. En cambio, en otras latitudes donde los efectos del COVID-19 son todavía muy fuertes, como en el caso de Estados Unidos, el descenso es mucho mayor y alcanza el 73%. Unos datos que muestran cómo avanza la desescalada en aquellas regiones donde el nivel de contagio ha descendido significativamente viendo ya un poco de luz al final del túnel.

A nivel mundial, los países asiáticos y aquéllos de la región de Asia-Pacífico pueden ver su regreso a la normalidad acelerado de cumplirse las previsiones de crear una “burbuja para viajar” entre los países de la zona. Coincide que estos países fueron los primeros en verse afectados por la pandemia, debido a sus múltiples conexiones con China, pero también los primeros que han reportado un menor nivel de contagio. La propuesta de crear un corredor de viajes ha surgido por parte de Australia y Nueva Zelanda, que volverían a reabrir sus fronteras para permitir el tránsito entre los dos países. Sin embargo, no se descarta abrir este corredor a otros países de la región como China, Japón, Corea del Sur y posiblemente Indonesia, de evolucionar positivamente la recuperación de la pandemia en estas zonas.

Aunque todavía no ha pasado de ser un planteamiento a futuro, la fecha de apertura podría darse en agosto, aprovechando la temporada de esquí en Nueva Zelanda y la apertura de los colegios en septiembre. El mensaje es positivo, y podría marcar el camino de cómo establecer la recuperación del turismo en función de cómo prosperen las medidas impuestas en la creación de una burbuja que haga seguros los desplazamientos. Una manera además de dar impulso a unas economías lastradas por la pandemia, y que permitiría que la región pudiera recuperarse antes que el resto de países afectados por el COVID-19. ¿Estaríamos ante un posible mecanismo para la recuperación del turismo?

El petróleo de Arabia y Rusia. Ángel Enriquez de Salamanca Ortiz

Durante los últimos meses, el precio del petróleo se ha desplomado, llegando a caer, desde principios de año, más de un 50%. El impacto del COVID-19 en la economía y la sociedad actual se nota en el mundo entero: aislamiento social y cuarentena, paralización del transporte aéreo, la menor demanda de viajes, tanto aéreo, terrestre como marítimo, el cierre de restaurantes y bares, e incluso caídas en las bolsas de todo el mundo y, caídas en los precios del petróleo provocados por la menor demanda a escala mundial.

Ante esta caída en los precios del petróleo a principios de año, provocada por la paralización de la economía mundial, a menos de 25$ por barril en pocos meses, los países miembros de la OPEP (Organización de los Países Exportadores de Petróleo) y otros exportadores de crudo, como Rusia, se reunieron a principios del mes de marzo, en la sede de la OPEP en Viena, para frenar este descenso en los precios mediante la reducción de la producción mundial y poder así compensar la oferta con la demanda del momento.

Arabia Saudí produce casi un tercio del petróleo de la OPEP y es el líder “oficial” de la organización y, su petrolera Aramco, la mayor empresa del mundo, tiene una capacidad instalada para producir más de 12 millones de barriles diarios (mbd) y, antes de la reunión en Viena, su producción no llegaba a los 10 millones de barriles diarios. Riad, aún tenía margen para aumentar su producción de crudo en algo más de 2 mbd.

El conflicto entre ambos países surgió cuando Rusia rechazó la propuesta de Arabia Saudí de reducir la producción de petróleo en 1,5 mbd durante todo el año 2020 para estabilizar la caída de precios por el brote del Covid-19. Después de esta reunión y, tras no llegar a un acuerdo, Riad elevo la producción de petróleo un 25%, hundiendo el mercado y haciendo que el precio del crudo se desplomara a poco más de $34 por barril. Una caída de más de un 30%. Además de este aumento en la producción, Arabia Saudí atacó a Rusia ofreciendo descuentos en sus barriles a Europa, Oriente Medio o Estados Unidos.

Esta guerra de precios entre Arabia Saudí y Rusia, sumado a la menor demanda mundial de petróleo, por el Coronavirus, han desplomado los precios del crudo en lo que llevamos de 2020, pero esta caída de precios también afecta a otros países dependientes de las exportaciones del oro negro; países como Irán o Venezuela, economías ya de por sí muy debilitadas por las sanciones de EE.UU, o países africanos como Sudan del Sur, Nigeria o Angola son totalmente dependientes de estas exportaciones y, si esta situación se alarga en el tiempo, podría tener consecuencias negativas sobre sus frágiles economías. Incluso empresas como la petrolera Pemex, de Méjico, con pérdidas en 2019 de más de 18.000 millones de dólares, podrían arrastrar al abismo la economía del país.

Pero, ¿por qué Rusia se ha negado a un pacto en la producción de petróleo para la estabilización de los precios?

Rusia es el segundo productor mundial de petróleo, seguido por Arabia Saudí, una reducción de su producción podría suponer el riesgo de ceder cuota de mercado a Estados Unidos, que es el primer productor mundial y abastece los mercados con petróleo de esquisto. Si Rusia reduce su producción de petróleo podría perder esa cuota de mercado que tiene, y sobre todo perder clientes del este de Europa como Bielorrusia o Polonia y también perderlos en Asia, como es China, Japón o Corea del Sur.

Además, un petróleo más barato dificultaría las inversiones en energías limpias y la llegada del coche eléctrico, un hecho que no busca ningún país de la OPEP, ni Rusia, y sobre todo, un petróleo tan barato pondría las cosas muy difíciles a aquellos países donde es más caro producir por el uso de técnicas como el fracking, por ejemplo Estados Unidos cuyo petróleo tiene un coste de extracción de aproximadamente $40, mientras que Arabia Saudí y Rusia lo producen, aproximadamente, a menos de $9 y 20$ respectivamente, por lo que podría ser una estrategia para ganar terreno al petróleo de esquisto de la Casa Blanca. Ante esta situación, no es de extrañar, que Donald Trump, comprara 77 millones de barriles para la Reserva Estratégica de Petróleo, una reserva para casos de emergencia que ya contaba con más de 635 mdb.

Quizás esta estrategia sea un contraataque del Kremlin para hacer frente a las sanciones impuestas por la Casa Blanca tras la anexión de Crimea en el año 2014 o por las ayudas ofrecidas a Bashar Al-Asad en Siria.

A pesar de que un petróleo barato podría afectar negativamente a Rusia, las pérdidas producidas por esta caída serían mucho mayores en Riad, donde una caída hasta los $20 supondría pérdidas de $148 mil millones, mientras que en el lado soviético serian de $108:


[Fuente: https://www.rystadenergy.com/ ]

Un escenario poco halagüeño para estas dos potencias.

A finales de marzo el precio del petróleo cayó hasta casi los $20 por la crisis del Coronavirus y por la guerra de precios entre Arabia Saudí y Rusia, lo que llevó al presidente americano, Donald Trump, a proponer a escala global un esfuerzo y reducir la producción para recuperar los precios, pero el Ministro de Energía ruso, Alexander Novak, explicó en un comunicado que los países están exentos de compromisos a partir del 1 de abril, fecha en la que los países productores tiene la oportunidad de determinar de forma independiente su producción de crudo, tras no llegarse a un acuerdo en la reunión en Viena.

A mediados del mes de abril, la OPEP+, decidió reducir su producción más de un 20% con la condición de la participación de México, que en un principio se negó a reducir su producción para intentar estabilizar los precios del petróleo, pero que finalmente también aceptó el acuerdo.  Durante este mes, debido al exceso de producción y a la nula demanda por el confinamiento, se temió que las reservas de EE.UU alcanzaran su máximo y que hubiera dificultades para el almacenamiento, lo que llevó al hundiendo el precio del petróleo WTI  llevándolo a precios negativos.

Una partida de ajedrez entre Rusia, Arabia Saudí y Estados Unidos de fondo, entre la OPEP y la OPEP+, una situación no deseada para el cartel, reducir la producción, pero muy beneficiosa para los importadores de petróleo y para China, que es el segundo  mayor consumidor de petróleo del mundo. Esta partida de ajedrez y los recortes en la producción afectarán negativamente a ambos países, el príncipe Mohamed bin Salmán, verá como su majestuoso plan “Visión 2030” de modernizar el país tendrá que ser retrasado o sufrirá recortes. Rusia dejará de ingresar más de 100.000 millones de dólares por el petróleo, y ha visto la devaluación de su moneda, el Rublo, caer hasta los 80 rublos por dólar y, por si fuera poco, debido a esto su PIB este año se contraerá más de un 5%. En cuanto a China, es un posible ganador de esta guerra, en el 2019 demandó más de 13 millones de barriles por día, el impacto del Covid-19 ha reducido esta demanda hasta los 10,27 mbd, provocado por la menor demanda de gasolina para transporte terrestre y aéreo por la menor venta de vehículos y menor número de viajes. China no volverá a alcanzar la demanda del 2019 hasta el cuarto trimestre del 2020, cuando se espera que alcance los más de 13.30 millones de barriles por día. Este menor precio del crudo podría seguir cayendo mientras dure el confinamiento, pero facilitará la reactivación de la economía china tras la crisis humanitaria provocada por el Covid-19.

Ángel Enriquez de Salamanca Ortiz es Doctor en Economía por la Universidad Complutense de Madridd y Máster en Relaciones Internacionales en la Universidad San Pablo CEU de Madrid

www.linkedin.com/in/angelenriquezdesalamancaortiz

@angelenriquezs

INTERREGNUM: Xi en Birmania. Fernando Delage

Después de dos años de guerra comercial, Estados Unidos y China acordaron una tregua la semana pasada. Ambas partes la necesitaban: Trump aspira a su reelección, mientras que la economía china ha registrado el menor crecimiento en casi 30 años, un resultado en parte consecuencia de las sanciones norteamericanas. El acuerdo es parcial (no incluye por ejemplo los subsidios a las empresas estatales chinas, una de las principales exigencias de Washington), y no servirá para superar las causas estructurales de la rivalidad entre las dos potencias. Pero se abre un periodo de (relativa) calma en las relaciones bilaterales y, por tanto, una oportunidad para ajustar, o consolidar, posiciones.

En el caso de Estados Unidos, la retórica de hostilidad hacia Pekín oculta una indefinición de objetivos a largo plazo, pues frenar el ascenso de la República Popular es del todo irrealista. Por su parte China, que no quiere un conflicto con Washington, lo desafía de manera inevitable al ambicionar un papel como potencia central en Asia. El viaje del presidente Xi Jinping a Birmania el 17 y 18 de enero es la más reciente demostración de cómo continúa avanzando en su estrategia dirigida a reconfigurar los equilibrios estratégicos de la región.

La primera visita de Estado de un presidente chino a este país en 19 años, motivado por la conmemoración de siete décadas de relaciones diplomáticas, tiene por objeto impulsar el Corredor Económico China-Myanmar (CECM), acordado por ambos gobiernos en septiembre de 2018. La visita se produce cuando el corredor paralelo que junto a este último enlazan los dos ejes—continental y marítimo—de la Ruta de la Seda, el Corredor China-Pakistán, ha sido por primera vez denunciado de manera expresa por Estados Unidos, situando a Islamabad ante un complejo dilema de equilibrios políticos entre Washington y Pekín. Tal problema no existe en Birmania, Estado con el que la República Popular comparte una frontera de 2.200 kilómetros—la tercera más extensa después de la que le separa de Rusia y Mongolia—, y donde es el mayor inversor extranjero y representa un tercio de su comercio exterior. China cuenta con proyectos en marcha por valor de más de 20.000 millones de dólares (la mayor parte en el sector energético), y en los primeros nueve meses de 2019 el comercio bilateral aumentó cerca de un 20 por cien, hasta 13.540 millones de dólares.

El asunto central durante la visita de Xi ha sido el desarrollo del puerto de Kyaukphyu, punto de conexión de infraestructuras de transporte, gaseoductos y oleoductos con Kunming, en la provincia suroccidental china de Yunnan. Se trata de un proyecto de 1.500 millones de dólares, en el que junto a las instalaciones portuarias se construirá un gigantesco parque industrial. Una vez completado, Pekín contará con un acceso directo al océano Índico desde la bahía de Bengala, y un sistema de distribución de recursos energéticos que evita la vulnerabilidad de un posible bloqueo marítimo por Estados Unidos en el mar de China Meridional. Kyaukphyu forma así parte central de los planes de Pekín dirigidos a expandir su presencia en Asia meridional y en el Índico y es, en tal sentido, uno de los ramales clave de la Ruta de la Seda.

Pekín quiere asegurarse el apoyo del gobierno birmano, y de la consejera de Estado Aung San Suu Kyi en particular, antes de las elecciones parlamentarias de noviembre. Con sus acciones, hace ver al mismo tiempo a Washington el creciente margen de maniobra del que dispone en este espacio geopolítico en el que se solapan sureste asiático y Asia meridional.

China y el oro azul. ÁNGEL ENRIQUEZ DE SALAMANCA ORTIZ

Vivimos en una época que cada día es más digital y, cada día, estamos más conectados con el mundo en todos los ámbitos de la vida, tanto profesional como personal. La compra-venta de productos, servicios, las redes sociales, intercambio de datos o información a través de la red se ha convertido, para empresas y hogares, en una nueva forma de vida.

En China, el comercio digital ha ido creciendo en las últimas décadas, llegando a proporcionar  un beneficio para el país, a día de hoy, de más de 3,2 billones de yuanes y, se espera que para la próxima década alcance los 72 billones de yuanes. Éste comercio electrónico está siendo impulsado en China gracias a avances tecnológicos como la telefonía móvil, el internet de las cosas, el 5G o empresas como Alibaba. El desarrollo de ordenadores más potentes, con mayor capacidad o satélites, han ido de la mano con el desarrollo del comercio digital.

Estos teléfonos móviles, súper ordenadores, satélites o baterías para coches eléctricos tienen un elemento indispensable para su fabricación: el cobalto. Este mineral de color azul, que se extrae de forma manual y en muchas ocasiones con la participación de menores y en condiciones infrahumanas, se ha convertido en uno de los elementos más codiciados del planta tierra y, casi con total seguridad, se convertirá en uno de los minerales más importantes en las próximas décadas.

La República Democrática del Congo logró su independencia de Bélgica en 1960, pero sus primeros años estuvieron marcados por la inestabilidad política y social. Tras 32 años, en 1997,  el régimen de Mobutu –que cambió el nombre del país a Zaire- fue derrocado y renombrado el país como República Democrática del Congo. Además de petróleo, en sus tierras podemos encontrar cobalto, cobre, oro, plata, diamantes o carbón. La R.D. del Congo es el principal productor mundial de cobalto y China su principal comprador, y esta demanda es impulsada por la industria de estas nuevas tecnologías, como las baterías recargables usada en coches eléctricos o en móviles. Las reservas en este país de cobalto son las mayores del mundo, llegando casi, a triplicar las de su perseguidor, Australia.

[Fuente: www.Statista.com]

Las exportaciones representan en torno a un tercio del PIB del país, que en el año 2018 se situó en más de 47.000 millones de dólares. Estas exportacio­nes han sido fundamentalmente de recursos naturales como cobalto o cobre. El principal mercado de la R.D Congo fue China que abarcó casi el 40 por ciento de las exportaciones del país, y de esto, más de la mitad es de cobalto.

La empresa Tenke Fugurume Mining S.A., es una de las empresas más grandes de cobalto del país y, la mina Fungurume, de más de 1.500 Km2, al sur del país, cuenta con la mayor reserva de cobalto de la R.D. del Congo. No es casualidad, que la empresa TFM sea propiedad de la empresa China Molybdenum Co, que en enero del 2019 aumento su participación en TFM hasta alcanzar el 80%. Una empresa que en el año 2018 alcanzó una producción de 9.363 millones de toneladas métricas de cobalto y cobre. La escasa oferta de este mineral y su alta demanda con la nuevas tecnologías, han hecho que el precio ascienda desde los 30.000 dólares por tonelada métrica a principios de siglo hasta más de 90.000 dólares, siendo su mayor crecimiento en los últimos años.

China está apostando fuertemente en la región de Katanga, donde se encuentran las reservas más grandes del mundo de cobalto, pero también en la mina de Kolwezi, al sur del país.

Otra empresa, Congo Dongfang Mining, subsidiaria de la empresa china Huayu Cobalt, compra cobalto en las minas de la R.D Congo para tratarlo y usarlo en la fabricación de automóviles, empresa que cotiza en la bolsa de Shanghai.

La venta de coches eléctricos a nivel mundial se ha disparado, en el año 2018 se vendieron 1,26 millones de coches eléctricos, un 74% más que en el 2017, de los cuales más de la mitad se han vendido en China. En el primer semestre del año 2019, más de la mitad de los Vehículos con Batería Eléctrica (BEV – por sus siglas en inglés) se han vendido en China, es decir, más de 430.000 unidades, un aumento del 111%.

[www.jato.com]

China es el país más contaminante del mundo, el 30% de la contaminación mundial proviene de su industria, lo que ha hecho que en ciudades como Pekín se vivan constantes alertas por alta contaminación y, se ha convertido, para el gobierno de Xi Jinping, una necesidad el cambio a las energías limpias y no depender tanto de combustibles fósiles.

La presencia de China en África, y más concretamente, en la República Democrática del Congo, le da una ventaja al país asiático para liderar éste mercado verde, un mercado que ya lidera desde el año 2015.

China ya controla las minas de cobalto de la R.D. del Congo, este mineral se ha convertido en uno de los más demandados para la fabricación de baterías de coches, ordenadores o teléfonos móviles, y seguirá siéndolo en las próximas décadas. El cobalto, el oro azul o el petróleo del siglo XXI, se ha convertido, para China y para el mundo entero, en un mineral indispensable para la prestigiosa carrera de este siglo, la de la energía limpia.

Ángel Enriquez de Salamanca Ortiz es Doctor en Economía por la Universidad Complutense de Madrid

THE ASIAN DOOR: Quién no conoce el Día del Soltero. Águeda Parra

En cuestión de once años, Alibaba ha conseguido situar el Día del Soltero como una cita ineludible de las compras online, mostrando la fortaleza del e-commerce en China como el mayor mercado mundial y el que más rápido crece, que representa el 54,7% del mercado global. Los consumidores chinos cada año esperan con impaciencia que llegue el 11 de noviembre, sinónimo de la gran fiesta mundial del e-commerce, para realizar sus compras. Un evento que no sólo ha cobrado relevancia en China, sino que ha conseguido traspasar la “muralla china digital” para instalarse en la agenda de muchos consumidores occidentales al estilo de otros grandes eventos del e-commerce que ya son una tradición como el Black Friday o el Cyber Monday, de origen americano. La gran diferencia entre el modelo chino y el americano es que el Día del Soltero acapara un volumen de transacciones 2,5 veces superior al Black Friday y el Cyber Monday juntos.

Un año más, y los récords se suceden. Siguiendo la senda de crecimiento de años anteriores, el Día del Soltero ha conseguido alcanzar los 38.400 millones de dólares en volumen total de transacciones, lo que supone un crecimiento respecto al año anterior del 26%, y un nuevo récord al atender 544.000 transacciones por segundo, certificando el gran potencial de la cloud de Alibaba y la capacidad de su sistema de pago, Alipay. Aunque la cifra es ligeramente inferior al 27% que se consiguiera en la edición de 2018, supone un incremento muy significativo teniendo en cuenta que el e-commerce en China está considerado como un mercado maduro. Para superar el nivel de ventas de 2018 han bastado 16 horas y media, 68 segundos fueron suficientes para alcanzar los 1.000 millones de dólares, y el primer pedido internacional más rápido se entregó en Malasia en 80 minutos.

La clave para seguir cosechando nuevos récords ha sido incorporar hasta 200.000 nuevas marcas, que contrasta con las 27 que participaron en la primera celebración del Día del Soltero en 2008, además de incluir hasta un millón de nuevos productos y reunir a más de 500 millones de consumidores, 100 millones más que en la edición anterior. La expansión de los negocios de Alibaba por la Ruta de la Seda digital por el Sudeste Asiático, la expansión del e-commerce en las áreas del interior del país, además de una mayor presencia de las cadenas de supermercados Hema, han propiciado este incremento de nuevos usuarios. Tmall y Tmall Global se han convertido en el gran escaparate mundial del e-commerce, una oportunidad para posicionar las marcas internacionales. Aquellas que han tenido mayor éxito generan cada año el Top 10 de países, que este año ha estado formado por Japón, Estados Unidos, Corea del Sur, Australia, Alemania, Francia, Reino Unido, Nueva Zelanda, Italia y Canadá. Aunque en esta edición España no ha conseguido posicionarse entre los países Top 10, la novedad este año ha sido que las marcas españolas han alcanzado otros mercados europeos gracias al despliegue del Marketplace de AliExpress en nuestro país.

A pesar de la guerra comercial, los productos norteamericanos han sido los segundos más vendidos, principalmente por el impulso de las ventas del iPhone 11, que alcanzaron los 100 millones de yuanes (14,3 millones de dólares) en 1 minuto, haciendo de la primera participación de Apple en el Día del Soltero un verdadero éxito. Este volumen de ventas ha propiciado que la firma americana lidere el ranking de las 299 marcas que han superado los 100 millones de yuanes, llegando a sobrepasar 15 de ellas los 1.000 millones de yuanes (143 millones de dólares).

Además de seguir superando nuevos récords año a año en volumen de transacciones, el verdadero éxito del Día del Soltero reside en la capacidad de distribución, con el reto para Cainiao Network, el operador logístico de Alibaba, de repartir en esta edición hasta 1.500 millones de pedidos. La satisfacción del cliente es una máxima para conseguir fidelizar a los consumidores con una gran experiencia de compra, que incluye además el proceso de entrega. Su gran aliado en esta tarea es la colaboración con los trenes de alta velocidad, de forma que Alibaba puede asegurar envíos en el mismo día, a la mañana siguiente o recepción en un día, un método que el año pasado permitió repartir hasta 187 millones de paquetes en los días siguientes al evento. Reducir los tiempos de envío permite además incrementar la participación de las ciudades de tercer nivel en la gran fiesta del e-commerce, que actualmente representan el 55% de todos los consumidores del Día del Soltero. Una estrategia, que de prolongarse más allá del 11 de noviembre, permitiría a Alibaba incrementar su cuota de mercado en las zonas del interior donde alcanza el 40%, en comparación con el 85% que supone en las zonas más desarrolladas.

El reto ahora es conseguir ser medioambientalmente sostenible con el embalaje que suponen los paquetes del Día del Soltero, unas 250.000 toneladas de residuos, según estimaciones de Greenpeace. En línea con la política de convertir el proceso de reciclado en un negocio rentable y de reducir el nivel de residuos que genera el e-commerce en China, el gobierno ha lanzado una nueva directiva para que las empresas de mensajería se ajusten a una lista de materiales reciclables. Todo un reto que seguramente Alibaba convertirá en parte de los récords que cada año alcanza la celebración del Día del Soltero.

China-EEUU: el acuerdo que llega

Las revueltas de Chile han impedido la presentación litúrgica y mediática de un acuerdo entre China y Estados Unidos para objetivar el conflicto comercial, ordenar las disputas para su negociación problema a problema, y desactivar las medidas más agresivas de cada parte. Se plantee como se plantee por los terminales mediáticos del gobierno chino, Pekín no ha sido capaz de aguantar el pulso planteado por Estados Unidos y ha visto como se deteriora su economía sólo en el preámbulo de una guerra comercial general. La última medida china de abaratar la carga financiera de los prestamos internos a sus empresas amamantadas por el Estado chino revelan la situación que viven.

Esto, en todo caso, no avala el proteccionismo norteamericano como arma en sus disputas comerciales, aunque hay que dejarse de hipocresías y admitir que debajo de toda disputa comercial hay diversos grados de proteccionismo, y Europa no se queda atrás en esto. Una razonable libertad de comercio es difícil de admitir porque el miedo a la competencia es una larga tradición.

La desactivación de la tensión con China va a traer relajación a los mercados y menos presión a la hora de tomar decisiones ante una recesión que amenaza a las economías occidentales. Bueno será que no se insista en los viejos remedios intervencionistas que no han hecho más que dopar los sistemas y aplazar las crisis. De hecho, la economía chilena, la más pujante y la menos desigual de América, está siendo presentada al calor de la violencia y los saqueos como el fracaso de un modelo liberal en nombre de remedios neomarxistas cuyos resultados están a la vista en Cuba, Venezuela, Argentina y otros países cercanos.

THE ASIAN DOOR: Las empresas chinas compiten globalmente. Águeda Parra

La capacidad demostrada por China para crear crecimiento económico ha contribuido significativamente a que las empresas del país ocupen actualmente importantes posiciones en la clasificación mundial, pasando a competir al mismo nivel en los negocios internacionales que sus rivales más directos. El crecimiento de las empresas chinas que compiten globalmente no ha dejado de crecer en la última década. En 2008, China incorporaba 29 empresas en la clasificación Fortune Global 500, ocupando el sexto puesto por detrás de Estados Unidos, que lideraba la lista incorporando 153 empresas. La diferencia, casi dos décadas después, es que en 2019 China ya ocupa la segunda posición, incorporando 119 empresas, frente a las 121 que aporta Estados Unidos, de las cuales 83 son empresas públicas, el 69,7% del total.

Con la incorporación de las empresas chinas se produce el desplazamiento de otras grandes empresas en la clasificación, provocando modificaciones en los primeros puestos. Si en 2008 China quedaba fuera del Top 5, formado por Estados Unidos, Japón, Francia, Alemania y Reino Unido, su incorporación en la lista en 2019 genera una nueva clasificación. Estados Unidos sigue liderando la clasificación con 121 empresas, seguido muy de cerca por China (119), mientras que a gran distancia se sitúa Japón (52), y se mantiene la presencia de las grandes corporaciones europeas, representadas por Francia (31), Alemania (29) y Reino Unido (17).

Entre las 500 empresas más importantes del mundo por ingresos, Wallmart ha conseguido mantener su posición de liderazgo en el período 2000-2019, ocupando la china Sinopec y la holandesa Royal Dutch Shell la segunda y tercera posición, respectivamente. La presencia de empresas chinas que compiten globalmente se ha intensificado en estos últimos años, incorporando el gigante asiático tres corporaciones en el Top 10 Global 500: Sinopec (2), China National Petroleum (4) y State Grid (5).

Si en 2008 eran apenas 29 empresas chinas las que formaban parte del Fortune Global 500, consiguiendo una valoración conjunta de 1,1 billón de dólares, apenas el 5% del total de empresas, las 119 empresas que conforman el grupo en 2019 alcanzan una valoración de 7,9 billones de dólares, casi una cuarta parte de los 32,7 billones de dólares que representan las 500 empresas que forman la lista. La incorporación de un número significativo de empresas chinas ha supuesto que las empresas americanas pasen de representar el 30,6% de los ingresos en 2008, con una valoración conjunta de 7,7 billones de dólares, a suponer el 28,7%, generando unos ingresos totales de 9,5 billones de dólares.

La ambiciosa apuesta por la I+D que ha desplegado China en las últimas dos décadas ha hecho que las empresas chinas consigan situarse en los puestos de cabeza en la clasificación Fortune Global 500, justo por detrás del líder, Estados Unidos. Las compañías estadounidenses y chinas dominan ampliamente la clasificación, situándose a cierta distancia del resto de potencias, poniendo de manifiesto el crecimiento económico que ha protagonizado el gigante asiático en estos años. Por número de empresas, China incorpora más del doble de compañías que Japón (52), y cuatro veces más que Francia (31) y Alemania (29). A nivel de generación de ingresos, el valor en conjunto de las empresas chinas resulta dos veces y media superior al de las compañías japonesas, y cuatro veces superior al de alemanas y francesas que forman parte de esta lista.

La revolución tecnológica que vive China se aprecia claramente en la composición sectorial de las 119 empresas chinas que entran en la clasificación Fortune Global 500 de 2019. Destaca como principal sector el financiero, gracias al espectacular desarrollo de las empresas FinTech y su impacto en los medios de pagos en China, representando las 26 empresas de este grupo el 21,8% de la composición sectorial. El sector de energía es el segundo gran grupo, donde las 17 empresas que lo conforman representan el 17,6% de la composición sectorial. El compromiso de China por convertirse en un referente en la industria de renovables tiene su reflejo en la dimensión de sus empresas, con las que el gigante asiático se ha posicionado como líder mundial en renovables, invirtiendo el doble que las empresas estadounidenses y europeas juntas. El siguiente sector en importancia es el de materiales, siendo las empresas chinas las que dominan este apartado entre las corporaciones internacionales, contabilizándose 15 empresas chinas entre las 24 grandes firmas del sector de materiales en el Global 500, donde además China Minmetals, Amer International Group y China Baowu Steel Group forman parte del Top 5 de las compañías de materiales más importantes del mundo.

Las empresas tecnológicas tienen igualmente una representación importante en el Fortune Global 500, un ámbito dominado por el grupo de las 12 compañías que aporta Estados Unidos. En esta clasificación, Apple figura como la mayor empresa tecnológica, generando unos ingresos de 265.600 millones de dólares, casi el doble del valor de los cinco titanes tecnológicos chinos, que de forma conjunta suponen 266.800 millones de dólares. Aunque en cuestión de ingresos las empresas chinas todavía no compiten en la misma liga que las tecnológicas americanas, China, sin embargo, aporta a la lista Global 500 un número similar de titanes que Japón (7) y Taiwán (6), poniendo de manifiesto el impacto que suponen los BAT (Baidu, Alibaba y Tencent) en el desarrollo de la economía digital. En el caso de China, Huawei destaca como el mayor gigante tecnológico con unos ingresos de 109.000 millones de dólares, propulsor del despliegue de la tecnología 5G con la que China se va a posicionar como referente tecnológico mundial en ámbitos como la inteligencia artificial, el cloud computing, la robótica y la Internet de las Cosas.

The Butterfly effect: The Renminbi

The trade war between China and the United States continues. The Chinese company Huawei and its subsidiary Honor were banned by the American president Donald Trump, unable to sell their products or work with American companies, closing a market of about 300 million Americans. We have to remember that Huawei is one of the largest Chinese company with almost 200,000 employees worldwide, and has gained ten percentage points in market share worldwide in this decade, reaching almost 14% of the world share of smartphones.

Recently, Donald Trump has raised new tariffs on Chinese products worth $300 billion. Xi Jinping’s response has not been long in coming, and it has been devalue the Chinese currency, the Renminbi.

This trade war began early last year when the Trump administration announced sanctions against Chinese products worth $50 billion. It is no accident, that shortly thereafter the Chinese president answered devaluing his currency (The Renminbi) from 6.3 CNY to approximately 6.9 CNY; The same happened with the sanctions in May of this year and, now China, is protecting itself against the new sanctions of  $300 billion that was established on September 1st, devaluing its currency above 7CNY:

 

[Source: www.statista.es]

The tariffs established by Trump make US imports from China more expensive, on the American border, so the devaluation of the Renminbi makes these imports cheaper, offsetting the tariffs imposed by the White House. This measure has been considered, by Donald Trump, as unfair and has described the Chinese president, Xi Jinping, as a “currency handler.”

But these tariffs, to protect local industry or to reduce foreign competition, is not new. The United States has established tariffs on European Union products such as footwear, transport vehicles or meat products. Since 2000, China bans the European Union from exporting beef products due to Bovine Spongiform Encephalopathy disease that took place in Europe in the ’90s. China uses restrictive trade measures, such as export duties, in a broad range of raw materials; Since 2000, China has applied production limits or export quotas to regulate the supply of Rare Earths, minerals necessary to make satellites, computers, mobiles, batteries … and China supplies 90% of world demand. In 2015, China removed some elements from this quota system, but export duties remain in force despite the requirements of the World Trade Organization.

This mercantilism carried out by Trump is not something unusual or new in the world, and the answer of the Chinese president has been to devalue his currency at an exchange rate not seen in the last 10 years. The benefits of free trade are obvious,  just check the Economic Freedom Index of countries such as Switzerland, Australia or Canada with the more closed economies such as North Korea, Equatorial Guinea or Bolivia.

This volatility of the Renminbi makes investors seek refuge in other safer assets such as gold or the dollar, investors run away from volatile or unstable markets and this has been seen in the stock market crash after the announcement of the Chinese president: the US stock market fell, the S&P500 fell 2.8%,  Nasdaq 3.7% and the Dow Jones 3.1%, the Hong Kong stock exchange -Hang Seng- fell 1.91%,  Tencent shares fell about 2.45%,  HSBC bank lost 1.58% … in just one single day. After the announcement of the Chinese president, the equity markets lost, approximately, 12.4 billion dollars, which represents the twelfth largest stampede worldwide, in history, in the stock exchanges in a single day. The consequences have not only been in the United States and Asia, but have also been seen in Europe: the Spanish stock market, Ibex 35, lost 1.35%, London 2.47% and, the French CAC and the German DAX lost 2.19 % and 1.80% respectively.

But not only the stock exchanges have suffered, with the devaluation of the Chinese currency, their exports are cheaper, but their imports become more expensive, therefore, the imports of natural resources (denominated in dollars) from Latin America become more expensive, causing a decrease of the demand and changing prices, which forces these countries to devalue their currency to counteract the effects of the fall of the Renminbi and, thus, stimulate exports to the Asian country. This devaluation generates inflation and loss of purchasing power, and causes more problems to highly indebted countries in dollars, such as Argentina.

A trade war between the two largest countries in the world: the US and China, but with global consequences. As a Chinese proverb says, “The fluttering of the wings of a butterfly can be felt on the other side of the world”, but in this case “A small devaluation of the Renminbi can shake the world”.

INTERREGNUM: Señales desde Pekín. Fernando Delage

La designación de China por Estados Unidos como “manipulador de su divisa”, el pasado 5 de agosto, supone la ampliación de la guerra comercial a la escena monetaria o, si se prefiere, a una abierta guerra económica entre ambos países. La beligerante reacción de la administración Trump a la depreciación del yuan por Pekín, una medida que neutraliza en cierta medida los aranceles impuestos por Washington, revela su alarma al descubrir que China cuenta con un margen de maniobra mayor del previsto. Pero sorprende que siga sin entenderse que para la República Popular es una cuestión política de primer orden: no puede ceder ante lo que interpreta como la intención norteamericana de frenar su crecimiento económico y su ascenso como potencia.

La nueva escalada comenzó cuando Trump—contra el consejo de la mayor parte de sus asesores—anunció días antes la imposición de nuevas tarifas a las importaciones chinas por valor de 300.000 millones de dólares a partir del 1 de septiembre. En su reciente encuentro con sus interlocutores chinos en Shanghai, Los negociadores norteamericanos no obtuvieron de los primeros el acuerdo—exigido por Trump—de incrementar de manera inmediata la importación de productos agrícolas de Estados Unidos. La decisión del banco central chino de depreciar el yuan—considerada como lógica por todos los expertos dado el impacto de las sanciones de la Casa Blanca—, precipitó la acusación de manipulación de su divisa, una medida que tiene no obstante escasos efectos prácticos más allá de iniciarse consultas al respecto en el marco del FMI.

El impacto de las tensiones bilaterales sobre las bolsas de medio planeta—una situación que en nada beneficia a un Trump que comienza la campaña para su reelección—, muestra que Pekín conoce mejor que nadie su vulnerabilidad. Al contrario de lo que parece creer, el presidente norteamericano en absoluto tiene la situación bajo su control. El riesgo es que esta espiral conduzca a una dinámica autodestructiva y se extienda a otros terrenos, en los que también China ha lanzado varias señales en las últimas semanas.

Una de ellas ha sido la primera incursión aérea conjunta de China y Rusia en el noreste asiático. El 23 de julio, aviones de ambos países patrullaron sobre el mar de Japón y el mar de China Oriental, entrando en la Zona de Identificación de Defensa Áerea de Corea del Sur. Si a Washington le preocupa el acercamiento entre Pekín y Moscú, esta operación marca un nuevo hito en la relación estratégica entre ambos. Realizada la víspera de la llegada a Seúl del asesor de seguridad nacional del presidente, John Bolton, y semanas después de que el Pentágono hiciera pública su estrategia hacia el Indo-Pacífico, la iniciativa va dirigida a debilitar las alianzas de Estados Unidos con Corea del Sur y con Japón, y representa una respuesta al despliegue por Washington de un sistema de defensa antimisiles en la región tras su abandono del INF.

En relación con este último asunto, a finales de julio China también realizó por primera vez una prueba de sus misiles anti-barco en las aguas del mar de China Meridional. Los ensayos, coincidentes con la publicación por Pekín de su último Libro Blanco de Defensa, abren un nuevo capítulo en la competencia militar entre Washington y Pekín en la periferia marítima china. El uso de este tipo de misiles, que pueden destruir buques de grandes dimensiones (portaaviones incluidos), lanza un poderoso mensaje político y militar a Estados Unidos sobre las crecientes limitaciones de sus capacidades en el espacio que los estrategas navales chinos denominan “la primera cadena de islas”.

Las opciones norteamericanas, tanto en el frente económico como en el de seguridad, se complican en consecuencia. China tampoco está libre de problemas: además de muchas otras dificultades, Hong Kong se ha convertido en un desafío difícil de gestionar. La celebración, el 1 de octubre, del 70 aniversario de la fundación de la República Popular marca los tiempos al presidente Xi. Una nueva guerra fría aparece cada vez más como inevitable.

En teoría, Silicon Valley no debería existir. Miguel Ors Villarejo

Cuando a finales del siglo pasado se matriculó en la Universidad de Berkeley para cursar un posgrado, Enrico Moretti (Milán, 1968) decidió que quería saber todo de Estados Unidos y empezó a bucear en los datos del censo. Miraba las magnitudes que podían medirse de cada ciudad (ingresos, nivel educativo, sectores de actividad), las tabulaba y las comparaba. Esperaba descubrir una sociedad más homogénea que la que había dejado en Italia, donde un abismo separa al norte del sur, pero le sorprendió comprobar las diferencias que había entre las regiones. Y lo llamativo es que desde entonces no han dejado de ampliarse. “Internet, el correo electrónico y los móviles han democratizado el acceso a la información”, explica Moretti en Econ Focus, la revista del Banco de la Reserva Federal de Richmond. Esto debería hacer irrelevante el lugar de trabajo. En teoría, si se dispone de una conexión de datos y un ordenador, da igual que se esté en Bután o San Diego. Pero no es así. El tipo de empleo, de salario y de carrera varía cada vez más de una ciudad a otra. Nunca importó tanto donde uno resida.

Estas desigualdades regionales no son una novedad. Las llamadas “economías de aglomeración” hacen que las empresas se agrupen sectorialmente. Cuando viajas por el sur de Toledo solo ves fábricas de muebles. ¿No tendría más sentido que se dispersaran por la provincia, para repartirse el mercado? No, porque para el cliente es más cómodo que los establecimientos estén pegados: así, si no se encuentra algo en uno, se va al de al lado dando un paseo. A los empleadores también les resulta más sencillo localizar mano de obra cualificada y a la mano de obra cualificada, empleo. Lo mismo ocurre con los proveedores de materia prima y los servicios auxiliares. Por último, la difusión del conocimiento (modas, nuevas técnicas) es más rápida.

La explotación de estas sinergias da lugar a la aparición no ya de polígonos, sino de ciudades enteras. Wolfsburgo surgió de la nada en 1938 para albergar las plantas de Volkswagen. La producción del Escarabajo requería la acción coordinada de miles de obreros, que debían ocupar un puesto concreto en la cadena de montaje. Lo mismo ocurría con la aeronáutica o la siderurgia. Pero en la economía del conocimiento se funciona con ideas y portátiles, no con carbón y hornos. Y los productos consisten en análisis financieros, aplicaciones informáticas o series de televisión que viajan por el ciberespacio, no por tren o carretera. ¿Qué más da donde estemos? Silicon Valley no debería existir. Sin embargo, es una obstinada realidad. ¿Por qué?

Puede que las economías de aglomeración sean menores que en la era industrial, pero no han desaparecido y las pequeñas ventajas de partida se retroalimentan y acumulan hasta abrir brechas considerables. Pensemos en dos alumnos de primaria, uno nacido en febrero y otro en noviembre. Físicamente son bastante parecidos, pero es probable que el profesor de gimnasia elija para el equipo de hockey al primero, que está unos meses más hecho. En consecuencia, recibirá un entrenamiento y adquirirá una experiencia que harán que, al año siguiente, vuelvan a escogerlo. Así, curso tras curso, lo que no era más que una modesta diferencia de edad se agrandará y, al final, como observa Malcolm Gladwell en Fuera de serie, te encuentras con que “en cualquier club de la élite del hockey [de Canadá] el 40% de los jugadores habrá nacido entre enero y marzo [y apenas] el 10% entre octubre y diciembre”.

Con las ciudades ocurre igual. Cuando William Shockley se mudó a Palo Alto, allí no había más que almendros. Pero su labor pionera en electrónica arrastró a un puñado de ingenieros, cuyo éxito estimuló a otros colegas, que a su vez atrajeron a más y, poco a poco, fue erigiéndose un formidable ecosistema que es como un imán para los inversores. “Las empresas de sectores avanzados o especializados no quieren instalarse en áreas donde están aisladas”, dice Moretti. “Ninguna quiere ser la primera en moverse porque va a pasarlo mal para hallar trabajadores cualificados. Y los trabajadores cualificados tampoco quieren trasladarse a ciudades donde hay poca oferta de empleo”.

Es la pescadilla que se muerde la cola, y lo hace con una intensidad desconocida en términos históricos. “Cuando se analizan los principales campos [de la economía del conocimiento], se aprecia una aglomeración de inventores que es asombrosa. En ciencia de la computación, las 10 primeras ciudades concentran el 70% de toda la innovación, medida por las patentes. Para los semiconductores, es el 79%. Para biología y química, es el 59%. Esto significa que las 10 primeras ciudades generan la inmensa mayoría de los avances en cada campo. Y esta cuota no ha hecho más que aumentar desde 1971”.

En consonancia con su mayor productividad, los residentes de estas capitales punteras perciben generosas retribuciones, muy superiores a las de sus compatriotas, que los ven prosperar mientras ellos languidecen, y esto no carece de implicaciones políticas. ¿Se han preguntado quiénes son los que votan por Trump en Estados Unidos, por Le Pen en Francia y por el brexit en el Reino Unido?