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¿Filipinas, amigo o enemigo de los Estados Unidos?

Washington.- Filipinas, el archipiélago con más de 7000 islas, que goza de una ubicación estratégica en el Pacífico y con una de las líneas costeras más extensas del mundo, es una de las naciones más occidentalizadas del Pacífico, en parte debido a las estrechas relaciones que han mantenido con los Estados Unidos en las últimas décadas. Sin embargo, con el lenguaje soez de ambos líderes nacionales, la situación podría cambiar considerablemente.

Para Estados Unidos, Filipinas es un país clave en el Pacífico para mantener el pulso con China. Como quedó demostrado hace un par de años, cuando Filipinas comenzó el litigio por los islotes del sur ante la Corte Permanente de Arbitraje de la Haya, alegando que son rocas y no islas, matiz semántico fundamental, pues según la ley internacional de ser catalogadas como islas China ganaría automáticamente 200 millas náuticas. A pesar de que el tribunal rechazó los argumentos chinos basándose en que carecen de fundamento legal, Beijing se niega a reconocer el dictamen.

Estados Unidos y Filipinas tienen muchas décadas de relaciones diplomáticas, además de estrechos vínculos militares que comenzaron con George Bush, quien, en el marco de los ataques terroristas del 2001, puso en marcha un programa de capacitación y asistencia para las fuerzas armadas filipinas, para prevenir el crecimiento de “Abu Sayyaf”, grupo islámico separatista asentado en el sur, que se creó con dinero proveniente de Osama Bin Laden.

Estas relaciones se fortalecieron aún más durante la Administración Obama. El expresidente Aquino veía a China como potencial peligro, tanto para su país como la región, coincidiendo con la política exterior de Obama. Filipinas se benefició de recibir la mayor asistencia marítima dada por los estadounidenses en la región. Tan solo el año pasado acordaron la instalación de cinco bases militares americanas permanentes en diferentes puntos de la nación asiática. Obama veía esencial posicionarse en los más de 36.000 km de costa filipina para mantener protagonismo y presencia en el Pacifico. Según el Think Tank CSIS, Estados Unidos debería aumentar el tiempo de sus maniobras aéreas y marítimas en los Estados litorales del Mar meridional de China para dejar claro que están presentes y que no permitirán expansionismos o violaciones de las leyes internacionales.

El actual presidente filipino, Rodrigo Duterte, famoso por su retórica populista e impulsiva, ha expresado desde su campaña electoral que  buscará acercarse a China y a Rusia para cortar con la dependencia que tienen con Washington, poniendo énfasis en la adquisición de armamento. Rusia ha hecho una fuerte campaña en el sureste asiático para introducir y vender armas más allá de Vietnam, su viejo cliente. Los rusos ofrecen armamento más barato que los estadounidenses y créditos y compensaciones para hacerse más competitivos.

En Manila con Duterte y en Washington con Míster Trump, el tono de las relaciones puede llegar a ser ofensivo y desproporcionado viendo de lo que son capaces cada uno por separado. Sin embargo, es en interés de ambos intentar mantener un tono cordial y cooperante.  Filipinas, por su parte, tiene una fuerte dependencia militar de Estados Unidos y  debería protegerse de las intenciones expansionistas chinas y/o rusas apoyándose en los norteamericanos. Y Estados Unidos conoce la importancia de mantener neutralizada a China, punto crítico de la política exterior de Trump, tal y como han expresado en múltiples ocasiones. Para ello debe robustecer su presencia en el Pacífico, apoyándose en sus aliados regionales, Corea del Sur, Japón y Australia. Con Vietnam como amigo y con Filipinas de la mano, el Pacífico podría ser el mayor freno para una China imperialista que tiene la segunda economía más fuerte del mundo, la mayor población del planeta y un gran deseo de reinar.

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