El orden o desorden nuclear. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- La geopolítica mundial está cambiando. Estamos en una situación nuclear más compleja que en la época de la guerra fría, que no es una afirmación insustancial. El aumento de las armas nucleares y los ensayos son prueba de esto. India ha probado exitosamente su primer misil balístico intercontinental el pasado jueves, y tal y como afirmó su Ministro de Defensa Nirmala Sitharaman, esto es un gran impulso a su fuerza militar y defensiva. De acuerdo con la Federación de Científicos Estadounidenses, India debe poseer entre 120 a 130 armas nucleares. Se cree que Corea del Norte posee capacidad nuclear y que todos los misiles que hemos visto volar y los distintos experimentos son la prueba de la extensa inversión que ha hecho el régimen de Pyongyang, y seguirá haciendo, para poder tener presencia y voz de manera individual en el escenario internacional, sin la sombra de China (que la ha provisto de seguridad).

Según el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS), Corea del Norte posee un sistema de misiles probado que puede alcanzar toda Corea del Sur y gran parte de Japón. Entre ellos los Hwasong, que cubren unos 1000 kilómetros y los Nodong, que cubren unos 1300 kilómetros. Además de las armas químicas como gas mostaza y sarín entre otros agentes nerviosos, así como armas biológicas, lo que suma a la capacidad de perpetrar ciberataques, que se cree hacen en colaboración con China y Rusia. En este punto valga señalar que Estados Unidos ha sido víctima de varios ataques cibernéticos que han revelado gran cantidad de información clasificada que ha expuesto a funcionarios y parte del gobierno federal. Lo que está en total concordancia con la nueva estrategia de seguridad nacional revelada parcialmente el viernes pasado en la que Rusia y China son el mayor desafío que enfrenta el ejército estadounidense, según las propias palabras del secretario de la defensa, James Mattis.

Coincidiendo con el aniversario de la toma de posesión del presidente Trump, recordemos que pidió al Pentágono una revisión del arsenal nuclear de los Estados Unidos a pocos días de su toma de posesión. En los últimos años se ha establecido la costumbre de que los presidentes soliciten este informe; Obama lo pidió en 2010 y Bush unos ocho años antes. El resultado de este sumario preliminar verá la luz en febrero, pero ya se sabe que una de las conclusiones será que Estados Unidos necesita modernizar sus armas nucleares, lo que no sorprende, pues el armamento va quedándose obsoleto con el avance tecnológico y es necesario actualizarlo. Esta recomendación también estuvo presente en la revisión de la época de Obama. Pero, lo que ha despertado inquietud e incluso temor es que se está proponiendo el desarrollo de “mini-armas nucleares”.

La propuesta del Pentágono ha disparado las alarmas, a pesar de la poca información que se ha filtrado. Se sabe que el secretario de Defensa estadounidense quiere desarrollar un nuevo prototipo de arma nuclear de tamaño minúsculo, para ser incorporado a su arsenal doméstico, pero que según los expertos podría relanzar el riesgo de proliferación nuclear y elevar los conflictos nucleares en el mundo. Esta postura además rompe dramáticamente con la de Obama, quien abogó activamente por un mundo seguro, lo que según él consistía en reducir los arsenales de cada potencia nuclear para disminuir los riesgos de usarlos. Aunque, paradójicamente, durante su mandato se invirtieron millones de dólares en modernizar las armas domésticas de la guerra fría.  Sin embargo, la conclusión de la revisión de la era Obama sostenía que Estados Unidos estaba en capacidad de mantener su seguridad eficientemente con el arsenal que poseía y que no era necesario agregar más armamento nuclear.

Es evidente que la Administración Trump percibe los riesgos actuales de manera diferente. Es un hecho que el escenario global no es el mismo que el del 2010. Las armas nucleares tienen una función netamente disuasoria, tal y como quedó demostrado en la Guerra Fría, por lo que cambiar la política nuclear de defensa desde Washington, con la producción de estos “Mini Nuke” (por su nombre en inglés) en vez de gigantescos misiles, se estaría por un lado violando el tratado de no-proliferación nuclear de 1968. Y por otro lado se está incitando a los otros miembros del club nuclear a comenzar su propio laboratorio de minis, abriendo con ello no sólo una mayor probabilidad de ser usados, con sus nefastas consecuencias, sino también aumenta exponencialmente la posibilidad de que caigan en manos equivocadas, como terroristas, que son capaces de morir por su ideología, y a quienes no les temblaría el pulso en usarlas sin ningún escrúpulo. (Foto: Sarath Bala,Flickr)

La delincuencia es tan baja en Singapur que muchos comercios ni se molestan en cerrar la puerta (algunos ni siquiera tienen). Miguel Ors Villarejo

(Foto: ABN2, Flickr) El año pasado, Singapur estableció una curiosa marca: estuvo 135 días sin que la policía reportara delitos: ni asaltos domiciliarios ni atracos ni hurtos. La sensación de paz es tal, que los comercios no se molestan en cerrar la puerta. Algunos ni siquiera la tienen. En Raffles Place, una concurrida estación de metro, los empleados de Starbucks cruzan en la entrada una cinta como las que usan en los cines para organizar las colas y se van a casa. La mercancía queda tapada por una simple lona, al alcance de cualquier viajero, como explica este vídeo de la CNBC.

¿Cómo han logrado semejante nivel de seguridad?

La criminología fue un asunto de sociólogos y psicólogos durante siglos, pero a comienzos de los 60 un joven profesor de economía que llegaba tarde a un examen se enfrentó al siguiente dilema: “¿Dejo el coche en la calle, en un sitio ilegal pero próximo a la facultad, o lo meto en un aparcamiento más alejado?” Sobre la marcha concluyó que lo lógico sería comparar el coste y la probabilidad de la multa con la inversión en tiempo y dinero que suponía estacionar legalmente, e inclinarse por la opción menos onerosa. “Decidí aparcar en la calle”, contaría años después en el Chicago Maroon, “y dado que el examen era oral, la primera pregunta que le hice al alumno […] fue cómo reaccionaría ante una situación de esta naturaleza. Lo pasó bastante mal. [Risas]”.

Aquel joven profesor era el futuro Nobel Gary Becker y el incidente le serviría de inspiración para “Crimen y castigo: una aproximación económica”, el artículo en el que expone su tesis de que los malhechores están hechos del mismo barro mortal que usted y yo. “Se convierten en criminales”, argumenta, “porque les resulta más rentable el delito que el trabajo legal, una vez consideradas la posibilidad de ser apresado y la severidad del castigo”.

Esta explicación suscitó inicialmente una reacción bastante hostil. Planteaba que todos éramos delincuentes en potencia, y no le faltaba razón. Una escena de Nueve Reinas ilustra bien esta idea. Ricardo Darín quiere persuadir a Gastón Pauls de que todos tenemos un precio. “No hay santos, lo que hay son tarifas diferentes”, afirma, y le plantea si se acostaría por dinero con otro hombre.

—¿No cogerías [joderías] con un tipo si yo te ofreciera 10.000 dólares? —dice arrojando un sobre sobre el lavabo del baño.— 10.000, buena guita.

—No —responde Pauls, sacudiendo la cabeza.

—¿Y si te diera 20.000? —Arroja otro sobre—. Guita de verdad, toda para vos.

—No.

—¿50.000?

—No.

—500.000.

Pauls se queda en silencio, mirando la pila de sobres que se ha formado encima del lavabo. Duda.

—¿Te das cuenta? —concluye Darín—. Putos no faltan; lo que faltan son financistas.

Pensarán: qué depresión, ¿verdad? Pero no. Si los malos fueran siempre malos, no habría redención posible. Deberíamos esperar a la segunda venida de Cristo o a la primera de Pablo Iglesias para que reinara la justicia. Sin embargo, si los criminales son racionales, podemos disponer los incentivos de modo que no les compense violar la ley. En palabras de Becker, “se puede desanimar [la comisión de delitos] mediante una variedad de instrumentos: el castigo, la educación, la oferta de mejores alternativas”.

Es básicamente lo que ha hecho Singapur. Primero, es un lugar muy próspero, lo que significa que todos pueden ganarse honradamente la vida. El paro entre los jóvenes (el periodo más propenso a los comportamientos antisociales) es casi inexistente: 4,5%.

Segundo, la cultura desempeña un papel crucial. Cuando realizas el experimento de dejar olvidada una cartera con dinero en Singapur, la eventualidad de que su dueño la recupere íntegra es del 90%. Únicamente en dos países es mayor este porcentaje: Noruega y Dinamarca. (En España tampoco quedamos mal: 70%).

Tercero, quedar impune es prácticamente imposible. La ciudad está trufada de cámaras de seguridad y, como explica el Safe Cities Index 2017 del Economist, “cuando combinas los circuitos cerrados de televisión con técnicas de inteligencia artificial como el reconocimiento facial, el análisis del lenguaje corporal y la identificación de ciertas conductas […] la actividad inusual puede detectarse y notificarse en cuanto se produce, facilitando una reacción inmediata”.

Finalmente, las sanciones previstas son draconianas. Hay pena de muerte, y no se reserva para los actos más horrendos, sino para faltas como la posesión y el tráfico de drogas. Si te cogen con 30 gramos de cocaína te ejecutan en la horca. Tampoco se ha abolido el castigo físico. “Una vara flexible de 1,2 metros de largo y 1,2 centímetros de grosor se usa para administrar un máximo de 24 golpes en las nalgas desnudas”, explican Donald Moore y Barbara Sciera. Los azotes están prescritos para infracciones que van desde hacer una pintada a llevar el visado caducado más de 90 días.

Si Becker está en lo cierto y la decisión de delinquir depende de la posibilidad de ser apresado y de la severidad del castigo, Singapur parece el sitio menos indicado del planeta para ello. ¿Es un ejemplo a seguir, entonces?

En la entrevista del Chicago Maroon el reportero pregunta si podría erradicarse por completo la delincuencia. “Es posible”, responde Becker, “pero no estoy seguro de que sea deseable. Para acabar de sacar a la gente de quicio, suelo decir que hay una cantidad óptima de crímenes. […] No merece la pena suprimirlos del todo, sale demasiado caro. Hay que buscar un equilibrio […] entre la ventaja de reducirlos […] y el coste que conlleva. Y ese equilibrio se encuentra en un punto en el que quedan infractores sueltos. En la China comunista no había delitos, pero […] la mayoría prefiere no vivir en una sociedad así”.

Singapur no ha ido tan lejos como Mao en la ferocidad de su represión, pero, así y todo, los sacrificios en términos de libertad y privacidad son muy superiores a los que estarían dispuestos a asumir los ciudadanos de una democracia occidental, por más que comporten el privilegio de dejar los comercios abiertos por la noche.

De Hebei al cielo. Juan José Heras.

Las autoridades chinas parecen tener la capacidad de fusionar cosas que para la mentalidad occidental son incompatibles, como por ejemplo una economía de mercado intervenida por el gobierno, o un Estado de Derecho supeditado al Partido Comunista. Pero también los ciudadanos de a pie nos sorprenden con sus propias combinaciones imposibles como contratar “strippers” para amenizar los funerales de sus seres queridos. Con ello, además, consiguen aumentar el número de asistentes al evento, lo cual en la china tradicional es considerado como un signo de prestigio social.

Sin embargo, esta “costumbre” que surgió entre los “gangsters” de Taiwán en 1800 y se popularizó a partir de 1980 en la china rural, no es del agrado del gobierno de Pekín, que ha tratado de erradicarla ya en dos ocasiones —2006 y 2015—. Durante la última de ellas, la agencia de noticias XINHUA se hizo eco de dos casos ejemplarizantes en las provincias de Hebei y Jiangsu, donde los organizadores de estos funerales “agridulces” fueron castigados con multas y pequeñas condenas de prisión.

Aunque el tema ya no está de moda en los medios de comunicación occidentales, y la censura en china reduce los documentos gráficos a la mínima expresión, parece ser que este tipo de ritos vanguardistas se siguen produciendo en el país. Uno de los últimos casos documentados proviene de Taiwán, donde el verano de 2017 más de 50 bailarinas, subidas en todoterrenos y acompañadas por una banda de música, ayudaron al político local de 76 años Tug Hsiang a pasar al más allá.

No se entiende muy bien el empeño de los políticos de un país comunista y ateo en prohibir esta fusión entre duelo y baile para burlar a la muerte. Quizás están celosos de que la idea no sea suya, o no les guste que provenga del denostado entorno rural, pero lo cierto es que está muy en la línea de iniciativas gubernamentales en ámbitos “más serios” como los descritos al principio de este ártículo.

La paradoja iraní

La crisis en Irán, en la que las manifestaciones populares contra el régimen teocrático convergen contra el presidente Rohani con el sector más duro del régimen que acusa al Gobierno de blando y conciliador, está creando una curiosa paradoja. Mientras se deterioran las relaciones del régimen con amplias capas de la sociedad se fortalece la relación exterior del Gobierno con Europa, Rusia y otros países ante la presión de Donald Trump para modificar el tratado nuclear con Teherán y el temor a que una desestabilización aumente la inestabilidad regional. Y todo eso se desarrolla cuando la pugna entre Teherán y Ryad, paladines respectivamente de chiitas y sunnies, está atravesando el mundo árabe y marcando la política exterior y los intereses nacionales de cada país.

Una vez más, EE.UU. y la Unión Europea, en este caso con Francia a la cabeza, aparecen con posiciones divergentes frente al inestable espacio geoestratégico de Oriente Medio. Emmanuel Macron está aprovechando la ventana de oportunidad que la errática política de EEUU abre e, indirectamente, coincide (como en otros tiempos) con la estrategia rusa de fortalecer sus lazos y su presencia en la zona, cosa que Putín parece estar consiguiendo.

Sin embargo, el pragmatismo basado en el mal menor tampoco lleva directamente al éxito. Irán tiene una estrategia a largo plazo de constituirse en potencia nuclear con dos objetivos en el punto de mira: Arabia Saudí y sus aliados sunníes, e Israel, país al que constantemente amenaza con destruir en sus discursos oficiales. El actual convenio con Irán no frena esta estrategia, sólo la aplaza, y no da ninguna garantía a la única democracia existente en la zona: Israel. Así, Arabia saudí está desarrollando sus propios planes de dotarse de armamento nuclear con apoyo técnico de Pakistán y fortaleciendo sus alianzas contra Teherán. E Irán, por su parte, trata de convertir la previsible victoria total de Bashar al-Ássad en Siria en el establecimiento de una potente cabeza de puente directamente frente a Israel. Y Macron debería meditar sobre el conjunto y no exclusivamente en el interés nacional de Francia, que no es necesariamente en de todos los países europeos.

Una dieta informativa completa y variada puede ser perjudicial para su salud. Miguel Ors Villarejo

(Foto: Marco Verch, Flickr) Después de la Segunda Guerra Mundial, la cobertura informativa estuvo sujeta en Estados Unidos a la Doctrina de la Justicia, que obligaba a los adjudicatarios de licencias de emisión a abordar los asuntos de una manera que la Comisión Federal de la Comunicación juzgara “honesta, equitativa y equilibrada”. Esta supervisión interfería, sin embargo, con la libertad de expresión y en 1987 se abolió.

Desde entonces, el universo mediático americano ha evolucionado hacia una creciente polarización. La llegada del cable convirtió una cadena abiertamente partidista como la Fox en un lucrativo negocio. Internet permitió luego la emergencia de webs aún más radicales y, finalmente, a lo largo de la última década, las redes sociales han hecho posible la difusión de cualquier barbaridad.

Estas barbaridades no se reparten, sin embargo, de forma homogénea a lo largo del espectro ideológico. Un grupo de investigadores del Centro Berkman Klein de la Universidad de Harvard ha analizado dos millones de informaciones publicadas entre el 1 de mayo de 2015 y el 8 de noviembre de 2016, fecha de las presidenciales, y ha comprobado que, mientras en el centro y la izquierda las cabeceras de referencia son instituciones veteranas (New York Times, Washington Post, CNN) que se rigen por los tradicionales códigos deontológicos, en la derecha Breitbart y la Fox han arrebatado el cetro a Wall Street Journal, National Review o Weekly Standard. El resultado es que el público progresista recibe una dieta informativa más completa y variada, lo que paradójicamente resulta perjudicial para sus intereses.

Los investigadores de Harvard explican que, durante la campaña electoral, el New York Times, el Washington Post y la CNN señalaban por igual las limitaciones de ambos candidatos, mientras la constelación liderada por Breitbart y la Fox se dedicaba simplemente a atacar a Clinton y a promocionar a Trump.

Por sí solo, esto no explicaría el éxito republicano, porque “no hay suficientes votantes que se nutran exclusivamente de medios de derechas como para ganar unas elecciones”, dice el artículo. Hubo que lograr también que algunas publicaciones de centroizquierda se hicieran eco de sus posiciones, y ese fue el gran éxito que Breitbart se anotó con la Fundación Clinton.

En 2015 uno de sus redactores, Peter Schweizer, había editado Clinton Cash (El dinero de los Clinton), un libro que denunciaba cómo la candidata había aprovechado su paso por la Secretaría de Estado para conceder favores a cambio de contribuciones a la fundación de su marido. Nunca se pudo probar nada, pero las cabeceras de la derecha mantuvieron el escándalo vivo citándose unas a otras. Una web lanzaba la especie de que el FBI investigaba a los Clinton, Breitbart y la Fox la recogían y todo el ecosistema se volvía loco rebotando la noticia, los análisis de la noticia, las reacciones a los análisis de la noticia, las réplicas a las reacciones a los análisis de la noticia…

Como una bala disparada dentro de una caja fuerte, el tema jamás habría salido de esta burbuja, pero el New York Times dedicó un reportaje a la adjudicación de unas minas de uranio a una empresa rusa. El periodista reconocía que no existían pruebas de que la entonces secretaria de Estado hubiera cometido ninguna irregularidad, pero el mero hecho de que se ocupara de ello contribuyó a legitimar el panfleto de Schweizer, obligó a Bill Clinton a convocar una rueda de prensa e hizo que no se hablara de otra cosa el verano de 2017. “Los medios de derechas situaron a la Fundación Clinton en el centro del debate justo en el momento en el que [Hillary] debía recibir su mayor impulso en los sondeos: después de la Convención Demócrata”.

La capacidad de Breitbart y Fox para condicionar la agenda no se limitó a este episodio. El uso que Clinton hizo de su correo privado para comunicaciones oficiales es con diferencia la materia más debatida en los dos millones de informaciones analizados. Por el contrario, las relaciones de Trump con Moscú o sus denuncias por acoso sexual recibieron mucha menos atención.

Esta cobertura infundió en muchos demócratas dudas sobre la idoneidad de su candidata. El día de la elección, no acudieron a las urnas y la menor participación neutralizó la desventaja inicial que todos los expertos atribuían a Trump. Dispuso de menos fondos y estaba claramente peor preparado que su rival, pero se las arregló para que no se hablara de sus carencias y, en política, lo que no sale en la televisión no existe.

THE ASIAN DOOR: El futuro del mercado del vehículo eléctrico pasa por China. Águeda Parra

(Foto: Luc Schuerman, Flickr) En los últimos años, las cifras van poniendo de manifiesto que China ha situado la lucha contra el cambio climático entre sus retos prioritarios de desarrollo. Objetivo ambicioso como el de apostar por una mayor inversión en innovación, fomentar el consumo interno y desarrollar el sector servicios, palancas que permitirán a China realizar la transición hacia una economía avanzada.

En cuestión de energía limpia, China es el líder mundial en renovables, invierte el doble que Estados Unidos y Europa juntas. Pero la batalla no solamente se centra en mitigar la contaminación aplicando restricciones sobre el uso del carbón, sino que también ha establecido nuevas reglas en la fabricación de vehículos que utilizan combustibles fósiles. China se suma así a iniciativas similares anunciadas por Gran Bretaña y Francia de prohibir la venta de vehículos con combustión interna, confiando en modelos que apuesten por la energía limpia. De ahí que, desde principios de año, China haya anunciado que dejarán de producirse hasta 553 modelos de coches que no cumplen con los límites establecidos de consumo de combustible, haciendo más efectiva la lucha contra la polución.

Medidas de este tipo son importantes para avanzar en el desarrollo sostenible del mayor mercado del automóvil mundial, que en 2016 vendió 28 millones de vehículos y tiene previsto alcanzar la venta de 35 millones de unidades en 2025. No obstante, las políticas de Xi Jinping están dirigidas a seguir consolidando el mercado de los coches eléctricos e híbridos, del que China es líder indiscutible al registrar en 2017 el 44,5% del total de las ventas mundiales de vehículos de energía limpia, más del doble de los registrados en el mercado de Estados Unidos. Con una producción de 424.000 unidades en los tres primeros trimestres de 2017, China registraba un incremento anual del 40,2% respecto al mismo período de 2016, según la Asociación de fabricantes de automóviles de China.

Una mayor concienciación en desarrollar un crecimiento más sostenible que el utilizado en décadas anteriores, ha hecho que China, el país más contaminante del mundo, sea hoy el líder indiscutible de la energía verde a nivel mundial. Las previsiones del gobierno apuntan a un fortalecimiento de las políticas aplicadas a los vehículos eléctricos, estimando una producción de un millón de unidades en 2018 hasta alcanzar los 7 millones de unidades en 2025, el 20% de la producción total de coches, según estimaciones oficiales. Hoy apenas representan el 2% de la fabricación de todo el mercado de vehículos de China.

Entre los elementos que están favoreciendo el fortalecimiento del mercado de vehículos de energía limpia está el hecho de un mayor poder adquisitivo entre la creciente clase media china. La compra de un vehículo propio figura entre los hábitos más demandados de la población más joven, que encuentra muy atractivas las exenciones fiscales que se aplican a los vehículos de energía limpia, y que algunos estudios sitúan en el 23% del precio total. La necesidad del gobierno de avanzar en las medidas contra la polución ha llevado a extender hasta 2020 las ayudas que finalizaban en 2017, lo que supondrá un esfuerzo financiero de unos 60.400 millones de dólares desde que comenzaran a aplicarse en 2014.

Los consumidores chinos pudieron elegir entre 75 modelos de vehículos eléctricos en 2016, cifra que se incrementará gracias al empuje del gobierno para que las empresas nacionales se conviertan en campeonas globales de la industria, compitiendo con los fabricantes extranjeros presentes en el mercado chino y en otros mercados. La previsión es que el futuro del mercado de vehículos de energía limpia esté en China y por ello el gobierno pretende flexibilizar la norma de que los fabricantes de coches extranjeros puedan tener una participación mayor del 50% en las joint-venture con socios chinos si la producción es de vehículos de energía limpia en las zonas de libre comercio.

De esta forma, el principal reto de los fabricantes de automóviles presentes en China será seguir desarrollando el mercado de los vehículos de energía limpia, incluyendo esta componente en sus estrategias de negocio en China. Como ejemplo, el segundo centro de I+D creado por la multinacional española Gestamp, con una inversión de 2,5 millones de euros, muestra la oportunidad que representa en estos momentos el dinámico mercado del automóvil de China.

INTERREGNUM: ¿Deshielo en la península? Fernando Delage

(Foto: Maisie Gibb, Flickr) El año ha comenzado con la buena noticia de la celebración, el 9 de enero, del primer encuentro oficial entre las dos Coreas desde 2015. El deporte—en forma de los próximos juegos de invierno en Pyeongchang—ha ofrecido una oportunidad a Kim Jong-un para reducir la escalada de tensión de los últimos meses en la península.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha manifestado su apoyo a las conversaciones, aunque no son pocos los analistas que consideran que la reanudación del diálogo entre Seúl y Pyongyang puede complicar los esfuerzos norteamericanos a favor de la desnuclearización. La oferta surcoreana de levantamiento de sanciones puede reducir la presión sobre el Estado vecino y, a un mismo tiempo, la cohesión de la alianza Washington-Seúl.

Pero quizá sea ésta una conclusión precipitada. Primero porque resulta difícil pensar que Corea del Norte vaya a renunciar a su capacidad nuclear. En segundo lugar, porque el razonamiento más plausible puede ser el inverso: que ha sido la última ronda de sanciones—impuestas en diciembre tras el lanzamiento de un misil intercontinental con capacidad de alcanzar Estados Unidos, el 29 de noviembre—el factor que ha conducido a Kim a reconsiderar sus opciones y buscar un “enfriamiento” de la tensión. Tampoco debe perderse de vista que el instrumento nuclear es para Pyongyang, además de un elemento disuasorio frente a las amenazas externas y de legitimación del régimen político, un medio para mantener vivo el objetivo de la reunificación.

No es casual, por lo demás, que el “giro” del líder norcoreano se haya producido mientras se reitera desde Washington la posibilidad de una acción preventiva. No sólo se ha hecho público que el Pentágono está actualizando sus planes de contingencias, sino que el asesor de seguridad nacional—un general con experiencia de combate y doctorado en relaciones internacionales, respetado por los expertos—lleva meses declarando que las posibilidades de guerra “aumentan cada día”. (Léase el artículo publicado por The Atlantic la semana pasada: “The world according to H.R. McMaster”).

Otro elemento significativo tiene que ver con las maniobras de China. Pese a a la extendida idea de que el viaje a Pyongyang de un enviado especial del presidente Xi Jinping en noviembre fue un fracaso, quizá esa no es toda la verdad. El emisario, Song Tao, no logró reunirse con Kim Jong-un, pero sí lo hizo con otros altos cargos, incluyendo el número dos del Partido y el ministro de Asuntos Exteriores. La presión china puede haber sido por ello otro motivo que ha facilitado el encuentro en Panmunjom y, quizá, la posibilidad de una próxima reunión entre los líderes de ambas Coreas.

Queda claro, en cualquier caso, el limitado margen de maniobra de Seúl frente al juego geopolítico mayor de Pekín y Washington. La competencia entre estos dos últimos y la incertidumbre sobre Trump entre sus aliados agrava, no obstante, un escenario ya de por sí complejo con la posibilidad—preocupante para el equilibrio regional, pero con un apoyo creciente entre los surcoreanos—de que el país se incline a favor de su propia opción nuclear.

Donald Trump en su laberinto. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- Parece que la locura que vive estos días la Casa Blanca la ha desencadenado la salida del polémico libro “Fuego y furia” que inicialmente parecía poder aportar las claves de los intríngulis internos, uno de los asuntos más escabrosos que ha mantenido a la prensa en vilo por 12 meses.

Veníamos de 8 años consecutivos de relativa normalidad, y digo relativa porque la presión e inmediatez con la que se trabaja alrededor del presidente estadounidense es muy alto y los niveles de tensión máximos. Pero si a Obama algo no se le puede criticar es precisamente la lealtad para con su círculo cercano, y la sensibilidad con la que él personalmente trató a todos los que, de una u otra manera, pasaron por allí. Si además hacemos una pasada rápida por la vida personal de Obama, no hay nada oscuro, más bien se podría decir que la ética y la moral son su marca personal.

Ahora no sólo pasamos a lo dramáticamente opuesto, sino que la polémica en torno a Trump ha existido siempre, en sus negocios, su dudosa manera de cerrarlos, en su vida persona (aunque  esta parte es mejor dejarla para una columna de cotilleo rosa que es más apropiada) ; pero, en pocas palabras, su vida que ha transcurrido entre fama, riqueza y féminas. Y esto sin mencionar aquellos comentarios totalmente inapropiados que hizo, aún en campaña, sobre las mujeres, que son un claro reflejo de su persona y quién es el individuo.

Como si todo esto no fuera ya suficiente, sus cercanas relaciones, como Steve Bannon, que ahora es el “Descuidado Bannon”, (como lo ha llamado el propio Trump), fue quién ayudó al autor del libro a acceder a la Casa Blanca, y quien ha afirmado que sólo durante la campaña, el abogado personal de Mister Trump tuvo que silenciar unas 100 mujeres con dinero para que no se filtrara a la prensa.

 Además, está la investigación de los nexos de los Trump con Rusia, que también es mencionada en el libro de Wollf; que, valga decir, ha sido la sombra más oscura que persigue a ésta Administración, aunque hubo un breve espacio de calma cuando el General Flynn, (elegido para ser el Consejero de Seguridad Nacional), se declaró culpable de haber mentido al F.B.I. Pero hasta ahora, algunas afirmaciones hechas por el autor siguen flotando en el aire en busca de que se pueda determinar su veracidad, mientras que muchas otras se han ido desmoronando por no ser auténticas. El mismo Bannon, que apadrinó el libro, se retracta cuando empieza a encontrarse aislado y mientras se le retira el apoyo económico.

Además, la pasada semana se conoció el desafortunado adjetivo que Trump utilizó para referirse a países como Haití y el Salvador junto con países africanos, mientras que afirmaba que debía traerse noruegos en vez de ciudadanos de estos países. Dejando por sentado, una vez más, su autentica posición, que nos lleva atrás, a las concentraciones de los blancos supremacistas, el desdichado incidente en Charlottesville, y como estos grupos extremistas se sienten apoyados por el presidente y su clara preferencia hacia los blancos.

Pero tal y como afirmo Steven Collinson, periodista de CNN, el que haya visto su carrera no se sorprende ante estos comentarios, lo que sorprende profundamente es que el presidente de Estados Unidos sea capaz de admitir su tendencia en reuniones con otros políticos, o altos funcionarios. Es como darle un bofetón a la historia de este país, y los intrincados problemas raciales aún existentes en ésta sociedad.

Y para cerrar la semana, como si no hubiera sido suficiente todo lo mencionado, Trump cancela su viaje a Londres, preparado para principios de febrero, en el que debía inaugurar la “Gran Fortaleza del Támesis”, tal y como le llaman, la nueva embajada estadounidense, y culpa a Obama de ello, afirmando que la venta de la embajada previa se hizo por cacahuetes, o sea, por un precio irrisorio. Como si esa decisión la hubiera tomado la Administración anterior, cuando realmente fue bajo la Administración Bush, pero ejecutada en la Obama.

Pero, en su estilo propio, Trump hizo el anuncio de la cancelación del viaje por su cuenta de Twitter, lo que le ahorró trabajo burocrático al Departamento de Estado para buscar excusas diplomáticas y justificar tal ausencia. Otra prueba de la ligereza con que el presidente estadounidense trata las relaciones con uno de los aliados históricos de este país.

Pero seguramente Míster Trump no estaba dispuesto a estar en Londres rodeado de manifestantes protestando por su visita y sus irreverentes formas y comentarios.

Otra prueba de la crisis interna es la dimisión del embajador estadounidense en Panamá. Diplomático de carrera desde los años 90, experto en el continente americano, desde Canadá hasta la Patagonia incluido el Caribe, explica que no puede servir al Estado bajo la presidencia de Trump. Como buen diplomático se reserva los detalles, pero que en el fondo es público que uno de los grupos más afectados de las imprudencias o incluso ignorancias de Trump son los diplomáticos que deben intentar mantener un tono adecuado y respaldar la línea presidencial.

Si cuesta creer que todo esto esté pasando simultáneamente en Washington, hay que estar atento a los movimientos  y ver que hará el partido republicano, si intentar suavizar la gravedad de la situación o si más bien comenzará una carrera para sustituir a Trump, quien está destruyendo la imagen de su partido y poniendo en una situación de riesgo a una sociedad que en el fondo es profundamente conservadora y le ha costado mucho llegar a donde se encuentra actualmente. Una sociedad en la que el racismo se ha minimizado y penalizado, en la que el respeto y las formas son importantes, y en la que el discurso del presidente debe por encima de todo unir a razas y religiones, pues Estados Unidos es un país de inmigrantes y de colores que van desde el blanco mas puro hasta el negro más profundo. (Foto: Donald McCristopher, Flickr)

Duelo a muerte en OK Pyongyang. David Montero.

La cosa va de disparar. De quién dispara primero, concretamente.

A un lado del saloon, el joven forajido coreano. Al otro, el sheriff, la ley de su lado, el pueblo de su lado, acariciando su gatillo. Deseando un gesto del otro, esperando. Se ha hecho el silencio y en cada mirada ronda el peligro. El sheriff parece llevar las de ganar: tiene un hombre en las escaleras, otro en la barra, otro en la puerta de atrás y probablemente, el pianista sea un infiltrado.

Todo parece perdido para el coreano, que ha llegado hasta aquí en un caballo pequeño y famélico, renqueante y prácticamente solo. Baja a baja, su banda ha sido liquidada, y no parece que ninguno de los que aún podría llamar sus amigos esté dispuesto a dejarse matar por él.

Pero el sheriff duda. Sabe que su rival ha aprendido a vagar sin agua, sin comida, sin esperanza, y por eso, sin miedo. Que solo necesita un disparo para ganar. No se fía, y si ha llegado a sheriff es precisamente por no fiarse de nadie, por no dejarse meter una bala en la espalda, por disparar primero y preguntar después.

En la calle hace calor y el viento se arremolina, pasa una de esas bolas de vegetación truncada, los vecinos han corrido a sus casas, se han llevado a los niños, han cerrado las ventanas. Una silla cruje. El sheriff medita si, justo cuando entraba, el comerciante chino le ha pasado algo al coreano. Una escopeta, un cuchillo, un puñado de balas. Nadie se fía de los chinos en el pueblo, y como ya hemos dicho, menos que nadie este sheriff.

Así que los dos se sostienen la mirada, calibrando las posibilidades del otro, las vías de escape del otro, la siguiente reacción. Sabiendo que a veces no hace falta disparar dos veces, no hace falta dejarlo todo perdido de balas y de muertos. Que a veces ya has ganado si el otro cree que puedes ganar.

Clint Eastwood le decía a Eli Wallach al final de El Bueno, el Feo y el Malo: “El mundo se divide en dos categorías. Los que tienen una pistola y los que cavan”.

Llegados a este punto, al sheriff solo le quedan dos salidas: asumir que el coreano no está dispuesto a seguir cavando, o convertir el pueblo en un catálogo de féretros.

Los dedos siguen sobre el gatillo, nerviosos.

THE ASIAN DOOR. La apuesta por las renovables en China, una cuestión de prioridad nacional. Águeda Parra

Desde que China adelantara en 2007 a Estados Unidos como mayor emisor de gases de efecto invernadero, los caminos de ambas potencias hacia las renovables no han resultado previsibles. Una década después, la primera potencia mundial y segunda más contaminante ha renunciado a los compromisos de la Cumbre del Clima de París tras retirar Donald Trump a Estados Unidos tan sólo un mes después de tomar posesión como presidente, mientras China lidera hoy la apuesta por la energía verde.

Xi Jinping ha hecho de la revolución de las renovables una cuestión de legado personal y una prioridad nacional. Tras haber argumentado que el gigante asiático tenía derecho a industrializarse de la misma forma que otras potencias en el pasado, el país más contaminante del mundo se encuentra ahora inmerso en la transición hacia una economía verde debido a los efectos devastadores que este tipo de crecimiento ha producido.

El modelo de alta dependencia del carbón y de uso intensivo de recursos naturales utilizado durante décadas ha evolucionado en la era de Xi Jinping a uno donde prima la inversión en renovables y donde se apuesta por un modelo de crecimiento con estrategias de desarrollo más sostenibles y eficientes. Según el informe Global Trends in Renewable Energy Investment de BNEF, en 2016 el gigante asiático invirtió en renovables 103.000 millones de dólares, lejos de los 44.100 millones de dólares destinados por Estados Unidos, los 22.200 millones de dólares de Reino Unidos y los 8.500 millones de dólares invertidos por Alemania.

La prioridad este invierno ha sido lanzar en las regiones del norte la iniciativa de prohibir vender, transportar y quemar carbón tanto a la población como a las empresas, excluidas varias plantas de acero y electricidad propiedad del gobierno. En el caso de Taiyuan, capital de la producción de carbón de China, supone la prohibición del 90% del consumo total de carbón para calefacción, utilizando como alternativa fuentes renovables. El plan se extiende a las veintiocho ciudades con más polución del norte, entre ellas Beijing y Tianjin, que deberán sustituir gradualmente hasta 2021 el carbón por gas natural o electricidad. La falta de coordinación y planificación ha provocado que, en muchos casos, se hayan producido cortes de abastecimiento de calefacción durante días con temperaturas bajo cero.

Estos planes muestran que la revolución de las renovables es un hecho en China, y desde 2013 se aprecia un descenso paulatino en el nivel de producción y consumo del carbón, tendencia que se consolidará en el próximo lustro. Entre otras medidas, en 2017 se cumplía el plazo para cerrar en Beijing las cuatro mayores fábricas de carbón, cierre que se produjo en marzo, disminuyendo el consumo de carbón en la capital hasta los 9,5 millones de toneladas en 2016, lejos de los 30 millones de toneladas de 2005.

China avanza hoy con medidas ambiciosas en su propósito de liderar las renovables, y así en diciembre pasado lanzaba la mayor iniciativa hasta el momento con la creación del mayor mercado de carbono del mundo. Xi Jinping se comprometía en 2015, en un encuentro con Barack Obama durante las rondas del Acuerdo del Clima de París, a lanzar en 2017 un mercado que limitara la emisión total de carbón a las empresas contaminantes, permitiéndoles comprar “créditos de carbono” de otras más sostenibles, imponiendo así penalizaciones a unos y gratificaciones a las compañías más limpias. Desde 2011, han estado en marcha siete programas piloto regionales de comercio de emisiones que ahora se aplicarán a 1.700 empresas, de un total de 6.000, que generan energía mediante el uso de carbón y el gas natural, y que producen 3 billones de toneladas de emisiones de dióxido de carbono al año, un tercio del total del país. El programa comenzará con el sector de la energía, causante del 46% de las emisiones de carbono, al que le seguirán posteriormente otras industrias.

Durante este invierno, Beijing y Shanghai han disfrutado de cielos más claros, aunque las condiciones meteorológicas han influido, pero en los próximos años el mundo verá cómo China se mueve con paso firme para liderar la revolución de las renovables. (Foto: Serena, Flickr)