China-Estados Unidos: tregua y a esperar

Fiel a la estrategia repetida de Donald Trump, tras la virulencia verbal y anuncios de aranceles acompañados de negociaciones discretas “a cara de perro” se ha producido un acercamiento entre Estados Unidos y China que implica una tregua de momento y una fase de exploración de un acuerdo más amplio.

Según la agencia Bloomberg, este acuerdo hará que China acepte volver a adquirir algunos productos agrícolas estadounidenses, mientras Estados Unidos detenga la imposición de aranceles a algunos productos de origen chino.

Este primer acuerdo buscaría sentar las bases para un acuerdo más amplio al que se llegaría a finales de año, cuando los presidentes Donald Trump y Xi Jinping se reúnan nuevamente a negociar su relación comercial.

Según el entorno de Trump, EEUU suspenderá la aplicación nuevos aranceles que tenía programados para aplicar a algunos productos chinos y lo mismo sucede con los aranceles que entrarían en vigor el 15 de diciembre.

Sin embargo, señalan los expertos, quedan pendientes temas más complicados como las acusaciones de Estados Unidos a China por robo de propiedad intelectual, transferencias forzadas de tecnología y quejas sobre los subsidios industriales chinos.

Y estos son, precisamente, asuntos esenciales. El neoproteccionismo de Trump es una respuesta simplista e ineficaz a largo plazo, además de peligrosa, pero sigue siendo verdad que China no compite limpiamente sino subvencionando a sus empresas, no respetando patentes y en el marco de una legislación laboral que pone todos los poderes en manos de la Administración y los empresarios que en China acaban siendo lo mismo con demasiada frecuencia.

THE ASIAN DOOR: Cuando la tecnología forma parte de la geopolítica. Águeda Parra

Uno de los principales desafíos que tendrán que afrontar las grandes economías mundiales en las próximas décadas se llama “revolución tecnológica”. El modelo actual donde Estados Unidos ha sido el principal precursor de la innovación y del desarrollo tecnológico como potencia hegemónica, con Europa como referente en determinados sectores industriales, corre el peligro de desaparecer. La creciente bipolaridad tecnológica que se está generando entre Estados Unidos y China como principales centros de innovación, que marca las directrices del futuro digital más próximo, puede conducir a que Europa corra el riesgo de quedarse descolgada de esta carrera por la tecnología puntera.

China aspira a consolidar su influencia como poder global con capacidad para influir en las cuestiones mundiales al estilo de otras grandes economías. De ahí que China haya encontrado en la tecnología la mejor herramienta para convertirse en líder tecnológico mundial en 2030, convirtiendo la tecnología en el nuevo input de la geopolítica. La carrera por la innovación que ha emprendido China está generando un nuevo equilibrio de poder en el juego geoestratégico mundial, obligando a que la Unión Europea adopte nuevas medidas para asegurar el crecimiento económico de sus países miembros.

Estados Unidos ha centralizado en Silicon Valley su propio modelo de innovación para crear startups tecnológicas que compiten en entornos globales. Microsoft, Alphabet, Apple, Intel, Facebook, Twitter han sido los referentes mundiales que han marcado el ritmo de desarrollo tecnológico en las últimas décadas. Por su parte, la apuesta de China ha sido impulsar la creación de grandes titanes tecnológicos, conocidos como BAT (Baidu, Alibaba y Tencent) que están generando una economía digital capaz de impulsar el desarrollo económico del país y de crear, asimismo, un entorno de Digital Great Wall al que difícilmente tienen acceso las grandes tecnológicas occidentales.

China tiene a su favor contar con una generación de nativos digitales que son los verdaderos artífices de la transformación del país en una economía avanzada. Consumidores de tecnología, los nativos digitales están dando forma a ecosistemas digitales donde se están desarrollando los nuevos modelos de economía digital, como el e-commerce y las FinTech, de las que China ya es líder mundial.

China es consciente que apostar por la innovación tecnológica requiere de apoyo gubernamental y empresarial. Estados Unidos cuenta con el consolidado modelo de Silicon Valley para crear startups, y la adaptación que ha hecho del mismo China, creando “ciudades de innovación” especializadas en determinados sectores, le ha permitido al gigante asiático desarrollar hubs tecnológicos mundiales. Sin embargo, la creciente bipolaridad tecnológica entre Estados Unidos y China podría conducir a que en el corto y medio plazo los sectores más punteros de la industria europeas queden fuera de la carrera por la innovación tecnológica. Mientras la innovación tecnológica se mueve hacia el este, con epicentro en China, Europa necesita adoptar nuevas medidas que revitalicen la economía gracias al impulso que es capaz de generar la tecnología aplicadas a los sectores industriales y de consumo.

Con la irrupción del 5G, el desafío tecnológico es aún mayor, ya que actualmente China, a través de Huawei, liderada el registro de patentes, el doble de las registradas por la compañía americana Qualcomm, lo que generará mayores tensiones en la geopolítica tecnológica. Ante este desafío, es altamente recomendable que la Unión Europea respalde medidas que fomenten la creación de nuevas startups que potencien la generación de compañías tecnológicas con vocación de competir en los mercados internacionales. Entre los retos que plantea la geoestrategia tecnológica a la Unión Europea está impulsar modelos de financiación para las nuevas startups. Esta medida debe estar apoyada en el fomento de la cultura del mentoring, impulsando el espíritu emprendedor con programas de incubación y aceleración de empresas tecnológicas que favorezcan la generación de nuevo talento digital. Y, por último, impulsar que las ciudades europeas se conviertan en centros de innovación, especializadas en sectores tecnológicos punteros como medio de asegurar el desarrollo económico de todos los países miembros dentro de un nuevo esquema de economía digital.

Foto: Derrick Noh, Flickr.

INTERREGNUM: Xi en Chennai. Fernando Delage

Casi año y medio después de su primera “cumbre informal” en la ciudad china de Wuhan, el presidente de la República Popular, Xi Jinping, y el primer ministro indio, Narendra Modi, mantuvieron la semana pasada su segundo encuentro de estas características en Mamallapuram, cerca de Chennai. Aunque ambos líderes coincidieron en junio en la reunión anual de la Organización de Cooperación de Shanghai,  se ven de nuevo a solas después de que Modi renovara en las elecciones de mayo su mayoría absoluta y de que, el 5 de agosto, suspendiera la autonomía de la provincia de Jammu y Cachemira; una decisión que ha enfurecido a ese “cuasi-aliado” chino llamado Pakistán, y que provocó la convocatoria del Consejo de Seguridad de la ONU por Pekín para discutir a puerta cerrada sobre el asunto.

El primer ministro paquistaní, Imran Khan, visitó no casualmente Pekín 48 horas antes de que Xi viajara a India. Aunque China ha mostrado su insatisfacción con el cambio de estatus administrativo de Cachemira, Modi transmitió a su invitado su preocupación por el terrorismo transfronterizo que alimenta Islamabad y sus efectos sobre la seguridad regional, en Afganistán en particular. Las interminables negociaciones sobre la frontera chino-india—cuestión no resuelta desde la guerra de 1962—también formaron parte de las conversaciones, aunque no consta que se produjera avance alguno.

Para China, India es un gigantesco mercado que ha cobrado una renovada relevancia en el contexto de la rivalidad comercial y tecnológica con Estados Unidos. Para Xi es vital, en este sentido, que Delhi no prohíba contratar a Huawei para la puesta en marcha de las redes de telefonía de quinta generación. El presidente chino, además de mostrar la mejor disposición para corregir el desequilibrio comercial bilateral (el déficit indio asciende a 57.000 millones de dólares), evitó las diferencias territoriales para reconducir el diálogo hacia aquellos asuntos en los que existe una genuina cooperación entre los dos vecinos, como el cambio climático o la reforma del sistema multilateral a fin de que se reconozca un mayor espacio a las economías emergentes en el Banco Mundial y en el FMI.

Pese a la oposición de Delhi a la iniciativa de la Ruta de la Seda china, los dos países comparten, por otra parte, un mismo interés en el desarrollo de infraestructuras y la promoción de la interconectividad. Así lo reflejó el apoyo indio en su día a la creación del Banco Asiático de Inversiones en Infraestructuras, o el esfuerzo conjunto de ambos gobiernos en el establecimiento del Nuevo Banco de Desarrollo de los BRICS. India rechaza un proyecto que, en su opinión, es poco transparente y que—al atravesar Cachemira—pone en duda su soberanía sobre la provincia. No obstante, está abierta a otras alternativas, como por ejemplo el corredor BCIM (Bangladesh-China-India-Myanmar), en discusión desde hace más de una década.

Los impulsos nacionalistas de la administración Trump plantean por lo demás numerosos interrogantes sobre el futuro del orden multilateral, al que no pueden permanecer ajenos estos dos gigantes. El interés de cada uno de ellos en la sostenibilidad de su crecimiento económico y en la estabilidad de Asia propicia la formulación de un nuevo equilibrio entre cooperación y competencia, que también puede ofrecer nuevas oportunidades a la Unión Europea. Cuando va a cumplirse un año de la adopción por Bruselas de su estrategia hacia India, la cumbre de Chennai confirma la necesidad expresada por dicho documento de considerar a Delhi como un socio no sólo económico sino también geopolítico, con el que conviene estrechar las relaciones y completar así el camino ya recorrido con la otra gran democracia asiática, Japón.

Foto: Subbiah Rathianagiri, Flickr.

La Ruta de la Seda en Lationamérica. Nieves C. Pérez Rodríguez

La antigua Ruta de la Seda ha sido ambiciosamente rediseñada por Xi Jinping. La ahora llamada BRI (por su nombre en inglés Belt and Road Initiative) o corredor de transporte, ya cuenta con 131 países y con una inversión de 575 mil millones de dólares en la fase de desarrollo de la misma, según el Banco Mundial.

Se estima que, con la BRI, el comercio mundial podría aumentar hasta un 6,2% a pesar de la amenaza de guerra comercial que ha tenido expectante al mercado. Sin embargo, los ejemplos de Malasia, Myanmar, Sri Lanka, Pakistán y el de las Maldivas, levantan muchos interrogantes sobre cuatro aspectos claves del desarrollo del magno proyecto: el impacto ecológico, la real sostenibilidad de la deuda que adquieren los países receptores, la transparencia en el proceso y el retraso en los proyectos, tal y como afirma Pepe Zhang -Director Asociado de China para el Atlantic Council-, quién publicó la semana pasada un informe sobre la BRI en Latinoamérica.

La publicación del informe se hizo en el marco de una conferencia en la que expertos, tanto del sector público como del privado, intercambiaron sus impresiones sobre lo que está ocurriendo en el continente americano y en la que 4Asia participó.

La entrada de China en América Latina comenzó con la necesidad de Beijing de ampliar sus suministros y proveedores. La adquisición de productos como soja, arroz y minerales, fue la primera parte.  Han ido adquiriendo extensiones de tierra para asegurarse sus cultivos y la seguridad alimentaria de sus ciudadanos. Así lo han hecho en Argentina, Cuba, México y Venezuela. Asimismo, ha ocurrido en muchos países africanos. También tienen acuerdos con Rusia y las naciones exsoviéticas para alquilar o comprar terrenos agrícolas, tal y como lo anunció el ministro de Agricultura chino, Shirong Chen, en el 2018.

Pero ese interés inicial por materias primas ha ido transformándose. Beijing ha entendido que Latinoamérica es también un gran mercado para sus productos. Sobre todo, en este momento en que Huawei ha sido vetada por las economías fuertes, y que la necesidad del 5G es cada día mayor. China ofrece conectividad a la región y, al menos por ahora, la región tiene una imagen positiva de la llegada de las inversiones chinas, según Leigh Wedell -jefe de operaciones de Basilinna, firma consultora especializada en China y Medio Oriente.

Wedell afirma que “la BRI llegó a Latinoamérica y el Caribe con inversiones en Panamá, pero ahora cuenta con 19 países y seguirá creciendo”. Uno de los grandes focos de interés chino es el sector energético en la región.

“La mayor inversión de China en Latinoamérica está en Perú”, apunta Federico Cuadra del Carmen -consultor de Baker McKenzie-. Más de 170 empresas chinas operan en Perú. La mayoría están en el sector minero. En efecto, el embajador chino en Perú anunció a principios del 2019 que, en los próximos tres años, Beijing invertirá un total de 10 mil millones de dólares en energía, minas, telecomunicaciones, construcción y financiación en esta nación.

Las entidades Development Bank y Export-Import Bank de China están detrás de la mayoría de las obras de infraestructura de la región, sustituyendo así a los tradicionales Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo. Un plan milimétricamente calculado por Beijing, quién ve estratégico desarrollar infraestructuras que permitan conectar mejor las rutas comerciales.

Desde el año 2005, las entidades bancarias chinas han otorgado más de 141 mil millones de dólares en créditos a proyectos y compromisos, conforme al informe del Atlantic Council.

Los proyectos con grandes problemas ecológicos y deudas insostenibles han tenido eco en Beijing, que ahora empieza a preocuparse de su reputación. Y de acuerdo con los expertos, comienzan a tomar medidas.

El informe concluye que es vital adoptar un enfoque pragmático y creativo del corredor de transporte. Cada país debe desarrollar estrategias adaptadas a sus particularidades, especialmente en una región tan diversa como América Latina y el Caribe. Para garantizar que la BRI sea masiva y en su evolución proporcione beneficios concretos a la región, debe desarrollarse un plan individualizado para cada país.

Xi Jinping no ha escatimado esfuerzos en el desarrollo estratégico de la ruta. Es su plan estrella para conectar China con el mundo a través de rutas comerciales que ellos mismos han financiado, diseñado y controlarán, mientras cobran los intereses a cada país por el dinero que les han prestado. Es claramente un proyecto brillante y muy ambicioso, con el cual Beijing se garantiza a largo plazo controlar todo el flujo de intercambios, la seguridad alimentaria de sus ciudadanos, el control y manejo de alimentos y muchas otras materias primas y ahora además se suma el aspecto tecnológico, del que dependerán estos países para su conectividad.

El abandono de Washington se ha traducido en carta blanca para China. Beijing ha sabido aprovechar muy bien la ausencia de Estados Unidos en su propio continente, y ha ido ganando espacios que ni tan siquiera habiendo un cambio de dirección en la política exterior de Washington se podrían cambiar fácilmente en el futuro. Lo único que podrán cambiar en este punto es que se respeten ciertas normas comerciales y de convivencia, para que el gigante asiático no saque para sí todo el beneficio de la relación. Y aun así será difícil.

THE ASIAN DOOR: La carrera por el liderazgo de Huawei por el 5G. Águeda Parra

Si con el 4G se ha experimentado la aparición de nuevos modelos de negocio disruptivos como la economía colaborativa y las compras online, la nueva generación 5G tiene la ventaja de partir de un entorno de mercado más dinámico que va a favorecer que despeguen otro tipo de industrias hasta el momento no contempladas por falta de capacidades técnicas que lo soportaran. Por eso China está impulsando que sus principales operadoras (China Mobile, China Unicom y China Telecom) se centren principalmente en desplegar una red completamente 5G (Stand Alone), para comenzar a beneficiarse cuanto antes de las ventajas que aportan una mayor velocidad y un menor tiempo de latencia en la implementación de nuevas aplicaciones y servicios.

Las acusaciones vertidas por Estados Unidos sobre vulnerabilidades en el equipamiento de Huawei, que podría conectar con puertas trasera que dieran acceso al espionaje por parte del gobierno chino, han dado lugar a diferentes actuaciones. No todos los países aliados de Estados Unidos comparten el veto a Huawei ante el riesgo de quedarse relegados a la hora de incorporar las capacidades tecnológicas del 5G que harán a los países más competitivos. Una situación que ha provocado que la administración Trump endurezca aún más el veto contra Huawei a través de la firma de la National Defense Authorization Act de 2019 en una lista negra (Entity List) que supone que las empresas norteamericanas tienen prohibido vender componentes al fabricante chino.

El impacto del bloqueo estadounidense estaría afectando de forma importante al negocio de venta de terminales móviles de Huawei, registrándose en junio una pérdida en Europa de hasta un 40%, en beneficio de sus competidores Apple, Samsung y Xiaomi. Una situación que contrasta con la buena progresión que había llevado a situar a Huawei en segunda posición mundial como fabricante de móviles, superando a Apple y quedándose a poca distancia de alcanzar a Samsung como líder mundial. Hasta entonces, Huawei vendía en Europa uno de cada cinco móviles, según el informe Chinese Global Brand Builders 2019.

Huawei comenzó su expansión internacional impulsada por la estrategia Go Global iniciada por el gobierno chino en 1999 con el que se buscaba crear “Campeonas globales” entre las empresas domésticas mejor preparadas. Hoy Huawei es el fabricante de servicios de telecomunicaciones que ostenta el liderazgo en tecnología 5G, y no disponer del sistema operativo Android que proporciona Google por estar incluido entre los componentes de la Entity List no iba a hacer a Huawei retirarse de la carrera. Solamente tres meses después de que la administración Trump iniciara el veto a Huawei, el fabricante chino ha lanzado al mercado su nuevo sistema operativo, denominado HarmonyOS, disponible en un tiempo mucho menor a las indicaciones del sector que apuntaban a finales de año. Es probable que las cuotas de mercado del 98% que posee Google como líder con su sistema operativo Android, y del 75% que ostenta Apple con iOS, vayan acomodando la entrada de este nuevo jugador en el mercado. Teniendo en cuenta que Huawei antes del veto de Estados Unidos era el segundo fabricante de terminales móviles del mundo con un sistema operativo ajeno, disponiendo de uno propio y con el primer terminal 5G ya disponible en el mercado, todo apunta a que la carrera por el 5G va a ser más intensa de ahora en adelante.

En esta lucha por el poder tecnológico global, el nuevo sistema operativo se va a convertir en una pieza adicional en la carrera por los estándares, donde una mejor posición en el mercado reporta un mayor volumen de ingresos en concepto de royalties. En esta primera fase de desarrollo de patentes 5G comienzan a ser cuantiosos los ingresos por este concepto, ascendiendo a 1.000 millones de dólares la solicitud de Huawei a Verizon en concepto del uso de 230 patentes fabricadas por el gigante de las telecomunicaciones chino. Una reclamación que bien podría extenderse a otros operadores norteamericanos por el uso que otros proveedores suyos hagan del equipamiento patentado por Huawei.

La rapidez de respuesta ante la situación de crisis internacional que ha provocado el conflicto entre Estados Unidos y China ha sido posible gracias al nutrido capital técnico con el que cuenta Huawei, nativos digitales que ya trabajan y conviven en un ecosistema tecnológico propicio para crear un nuevo sistema operativo propio. La ilusión por mantener al fabricante chino como líder de la nueva revolución tecnológica ha llevado a que gran parte de los futuros ingenieros prefieran desarrollar su carrera profesional en Huawei, antes de elegir otras empresas punteras como Alibaba, según una reciente encuesta. Un capital humano que está haciendo posible que China se convierta en las próximas décadas en potencia tecnológica global.

El test turco

La decisión de EEUU de retirar las tropas desplegadas en Siria, en un sector del norte de Siria a lo largo de la frontera de Turquía, abandonando a tropas de la coalición sirio-kurda aliada de Washington revela en toda su crudeza el laberinto de Oriente Medio y sus contradicciones. Turquía quiere ocupar esa zona y desarmar a las milicias kurdas que podrían amenazar su territorio y EEUU ha pactado con Ankara dejarle vía libre a cambio de concesiones militares.

La situación no es simple. Entre las unidades kurdas hay contradicciones y ha habido enfrentamientos militares, ya que algunas provienen del viejo PKK, la organización comunista kurda dirigida en el pasado por Okhalan y en tiempos aliada de Rusia. El PKK es responsable de atentados terroristas en Turquía y representa un riesgo, no sólo para este país sino para la zona y para las instituciones kurdas asentadas en Irak y en Siria. Principalmente contra estos grupos está pensada la operación ya preparado por Turquía y que Ankara anuncia como inminente. Estados Unidos ha filtrado que se ha asegurado con las autoridades turcas la limitación de la intervención militar a las milicias relacionadas con el PKK.

Turquía es un país de la OTAN y su unidad nacional y su supervivencia como aliado son consideradas estratégicas por Occidente desde hace décadas. Su control de las salidas y las costas del Mar Negro y de las cabeceras hidráulicas del Tigris y el Éufrates lo explican.

Pero, a la vez, Turquía ha girado y establecido acuerdos con Rusia para colaborar en Siria. Entre esos acuerdos está la instalación en territorio turco de sofisticados sistemas rusos que, para actuar, necesitarán coordinación técnica con Turquía que, por ser miembro de la OTAN, posee los códigos de identificación amigo-enemigo de los cazas occidentales, un tesoro para los rusos.

No se conoce el acuerdo turco-estadounidense para dejar manos libres a Turquía en el norte de Siria, pero seguro que el asunto de los misiles rusos habrá estado sobre la mesa y probablemente EEUU habrá obtenido alguna garantía. Pero habrá que verlo. El test turco es el de todo Oriente Medio.

Bolton y Corea. Nieves C. Pérez Rodriguez

Washington.- Cada año el JoongAng Ilbo, uno de los periódicos más importantes de Seúl, organiza un foro junto con CSIS (Centro Estratégico de Estudios iInternacionales) para discutir la situación de Asia con foco especial en la península coreana. La semana pasada tuvo lugar el noveno encuentro en Washington y contó con la presencia de expertos asiáticos y estadounidenses de primera línea, así como exministros de exteriores y exembajadores que analizaron a profundidad la situación geoestratégica de Asia.

4Asia participó en el Foro, en el que John Bolton abrió con un discurso sobre su visión. El asesor de seguridad nacional del presidente Trump acaba de dejar su cargo en la Casa Blanca, o a quién se le invitó a renunciar -pues las partes aún no se ponen de acuerdo sobre este aspecto-. En su primera aparición pública, Bolton habló extensamente sobre su posición en el conflicto coreano y cuál debería ser la posición de los Estados Unidos, que valga decir es exactamente igual a la que tenía antes de entrar a la Administración Trump.

Bolton ha estado siempre afiliado al partido republicano y es conocido por sus posturas más conservadoras. Sus publicaciones, comentarios y sus cargos públicos siempre han contado con gran rechazo del partido demócrata. Es recordado especialmente por su tiempo en Naciones Unidas durante la Administración de George Bush y el momento en que se estaba discutiendo la invasión de Irak.

Bolton fue enfático en su discurso sobre cuál debería ser la posición de Estados Unidos en relación con Corea del Norte. “No se puede aceptar que tenga armas nucleares. Aunque Kim Jong-un intente por todas las vías posibles mantenerlas y continuar su desarrollo. Es absolutamente inaceptable que Pyongyang posea armas nucleares y la política de Washington tiene que ser clara: No aceptamos que tengan armas de este tipo”.

Washington no puede permitir que Pyongyang siga amenazando a sus vecinos con las pruebas de misiles, ha señalado, que incluso puedan llegar a impactar en territorio estadounidense. Ha señalado: “Pero, además, si los vecinos como Japón y Corea del Sur siguen sintiéndose amenazados por Kim, estaríamos frente a una posible proliferación nuclear pues estas naciones buscarían desarrollar sus propias armas nucleares. Lo que sería un fracaso de Washington”.

Bolton tiene claro que Kim Jong-un decidió estratégicamente continuar su desarrollo nuclear hasta conseguir un mayor alcance, mientras trata de aliviar la presión de las sanciones internacionales. “Dejar a Pyongyang seguir con las pruebas es dejarlos convertirse en el Amazon o el Wallmart nuclear, y podrían empezar a aceptar pedidos de misiles. El modelo que se aplicó en Libia funciona y debería ser aplicado. Muammar Al Gadhafi decidió dejar las armas nucleares. Con máxima presión se podría hacer que Kim lo hiciera”. Insistió en que el modelo de Libia funciona con un país pequeño como Corea del Norte.

Citó a Kim Jong-un: “La situación en Corea es muy difícil, la sequía ha perjudicado mucho las siembras y los alimentos son escasos”, y pidió que las sanciones sean levantadas y les permitan recibir ayudas y alimentos.

Pero Bolton insiste en que, si la situación es realmente tan dura, cómo se explica que sigan invirtiendo tanto en desarrollo nuclear, en vez de gastar en alimentos.

“El continuo lanzamiento de misiles sí representa un riesgo para la seguridad del mundo y la seguridad de Estados Unidos”, insistió. “Pensar en que mientras no sean los misiles de largo alcance no es preocupante, es en efecto lo opuesto. El hecho de que no ha habido pruebas de misiles intercontinentales podrían ser una señal de que Corea del Norte haya alcanzado el nivel que querían”. Por lo que Bolton insiste en que la opción militar debe seguir sobre la mesa.

Sue Mi Terry, una experta en asuntos coreanos muy respetada en Washington, comenta a 4Asia que “le sorprendió mucho oír a Bolton decir que sigue creyendo que la solución pasa por un cambio de régimen en Corea del Norte, que mencionara la opción de una Corea unificada, a sabiendas que es un argumento polémico, así como que insistiera en que la opción militar debería seguir en la mesa. Palabras muy provocadoras para Corea del Norte.

Mi Terry insistió en el hecho de que Bolton siga pensando lo mismo después de haber participado en las tres cumbres entre Kim Jong-un y Trump, de haber visitado Pyongyang y participado en las negociaciones del último año. “Esto prueba que no se entendía con el presidente Trump”.

“Lo más probable es que para antes de finales de año Trump firme un acuerdo pequeño que obligue a Pyongyang a congelar su programa nuclear o al menos a para las pruebas y el lanzamiento de misiles”.

Victor Cha (otro experto en asuntos asiáticos con una larga experiencia) coincide con que deben estar negociando un acuerdo que involucre poco compromiso por parte de Pyongyang. Para Trump, en pleno año electoral, es clave dar algún tipo de resultados.

 En materia de política exterior esta Administración no ha concretado nada internacional. Por lo que algún tipo de acuerdo podría ser vendido como un éxito a los votantes.

El escenario electoral estadounidense se perfila complicado. El partido demócrata, con el mayor número de candidatos de la historia, está compitiendo con ideologías más o menos radicales en las primarias, pero dejan ver un partido sin un liderazgo claro. Mientras que el presidente Trump enfrenta a una amenaza de “impechment” y toda la polémica que rodea su gestión.

Todo apunta a que es muy probable que algún tipo de acuerdo con Pyongyang se materialice muy a pesar de que los misiles y las provocaciones siguen siendo el centro de la conversación. Al final, Trump seguirá premiando al dictador norcoreano sin haber recibido nada a cambio.

INTERREGNUM: Europa y Japón unen fuerzas. Fernando Delage

La Unión Europea y Japón han vuelto a dar un paso adelante en el estrechamiento de su relación. De visita en Bruselas, el 27 septiembre el primer ministro japonés, Shinzo Abe, firmó con el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, una iniciativa de colaboración para el desarrollo de infraestructuras de transporte, energía y redes digitales en África, los Balcanes y el Indo-Pacífico. A este nuevo compromiso se llega unos meses después de la entrada en vigor—el pasado 1 de febrero—, del doble acuerdo de asociación económica y estratégica (EPA y SPA, respectivamente, en sus siglas en inglés) concluido por ambas partes tras casi una década de negociaciones, y un año después de que Bruselas adoptara su esperada estrategia de interconexión entre Europa y Asia.

Además de facilitar los intercambios y las inversiones entre dos actores económicos que representan más de un tercio del PIB global, el EPA y el SPA constituyen una respuesta conjunta al unilateralismo de la administración Trump. Con su firma, Bruselas y Tokio lanzaban un poderoso mensaje de defensa del orden liberal multilateral. La estrategia de interconectividad en Eurasia supone, por su parte, la articulación de una alternativa a la Nueva Ruta de la Seda impulsada por China, aunque a esta última no se le nombrara en el documento. La República Popular es asimismo el objeto de esta reciente iniciativa: Japón y la UE declaran querer trabajar juntos en regiones relevantes para los objetivos chinos, proclamando además su papel como “garantes de valores universales” como la democracia, la sostenibilidad y el buen gobierno.

Japón participará en los proyectos de interconexión europeos, que serán financiados por un fondo de garantía dotado con 60.000 millones de euros, además de la inversión privada y la proporcionada por los bancos de desarrollo. Según indicó Abe en Bruselas, durante los próximos tres años Japón formará a funcionarios de 30 países africanos en la gestión de deuda soberana. Tokio y Bruselas han subrayado así que los proyectos de infraestructuras deben ser sostenibles tanto desde el punto de vista financiero como medioambiental. Se trata, al mismo tiempo, de reforzar la interconectividad global “sin crear dependencia de un solo país”.

Mediante su alianza con la UE, Japón cuenta con un instrumento adicional para promover las actividades de sus empresas en unas circunstancias de desaceleración económica y de creciente competencia con China. La Unión Europea intenta por su parte traducir en influencia política los fondos que dedica a la ayuda al desarrollo. Las dudas sobre el futuro de la relación transatlántica, el ascenso de China, y el enfrentamiento entre Washington y Pekín, sitúan a los europeos ante un nuevo entorno que exige algo más que una retórica multilateral. Pese a las dificultades de formación de posiciones comunes entre Estados miembros con opiniones contrapuestas, la defensa de sus intereses y valores obliga a la Unión a convertirse en un actor geopolítico. Y así lo ha declarado quien a partir del 1 de noviembre será la próxima presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, con el español Josep Borrell como responsable de la acción exterior europea. El último acuerdo con Japón es un ejemplo de cómo esa nueva estrategia va tomando cuerpo.

EEUU: el Departamento de Estado a la deriva. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- La consultora Global Situation Room ha publicado un informe sobre El estado actual de la diplomacia estadounidense. El estudio se basó en encuestar a cincuenta exembajadores estadounidenses y altos ex consejeros de seguridad nacional de administraciones tanto republicanas como demócratas.

El informe comienza con la pregunta ¿Aprueban el trabajo que desempeña Mike Pompeo como secretario de Estado? Sólo el 14,29% respondió afirmativamente, frente a un 85,71% que aseguraron no aprobarlo. Y entre lo que más preocupa a los encuestados es la ausencia de una estrategia clara y definida a seguir junto con el gran número de puestos dentro del Departamento de Estado que han reemplazado a los profesionales de carrera con nuevo personal.

Asimismo, expresaron su preocupación frente al hecho de que el presidente tome decisiones de política exterior sin contar con la opinión profesional del Departamento de Estado o el Pentágono. Opinan que sobre lo que se decide no se toma en cuenta las consecuencias, así como el posible impacto que una decisión puede tener sobre los aliados.

Otra de las preguntas fue si el recorte de personal está teniendo un impacto en la seguridad nacional de los Estados Unidos. A lo que el 88% de los consultados creen que si hay un impacto directo en la seguridad nacional y el 12% no cree que sea así.  Y esa mayoría opina que, según los informes internos de las instituciones, los ataques que están teniendo lugar de manos de personal designado por Trump a funcionarios de carrera socavan la función de la institución y el estado de derecho.

En cuanto a cómo describiría la situación de seguridad de las embajadas y los consulados estadounidenses en los dos últimos años había tres opciones de respuestas. La primera, de mejoría, no fue apoyada por nadie. La segunda opción, de empeoramiento, obtuvo un 38,30% a favor, y el 61,70% optó por la tercera respuesta que es que se mantiene sin cambios.

¿Ha perdido Estados Unidos significativa influencia bajo el mando del presidente Trump? El 96% de los consultados se manifestaron de acuerdo en la pérdida de influencia del país bajo la Administración Trump, y tan sólo un 4% afirmó que no.

¿Los adversarios estadounidenses han crecido más y se han hecho más fuertes y más influyentes desde que Trump está en el poder? El 92% de los encuestados afirmaron que sí, mientras que sólo un 8% estuvo en desacuerdo. Asimismo fueron preguntados sobre que países se han beneficiado más de la Administración de Trump. Un 40% respondió que Arabia Saudí, un 30% que Israel, un 20% que Rusia, y el 10% restante se lo repartieron entre China,  Emiratos Árabes, Pakistán y Corea del Norte.

Otra pregunta fue ¿Dónde tendrá lugar la próxima crisis? En este caso el 32,65% considera que será China, seguido por Irán con el 28,57%. Y dejando a Venezuela en un tercer lugar con el 6,12%.

Este informe se llevó a cabo a casi un año de las elecciones presidenciales de los Estados Unidos, por lo que aprovecharon para preguntar a los encuestados si los candidatos demócratas han dedicado suficiente tiempo a discutir planes de Seguridad Nacional. Una gran mayoría, el 80%, se mostró en desacuerdo.

Al final de la encuesta dejaron a los entrevistados exponer brevemente los temas que más les preocupan y muchos coincidieron en el estado actual en el que se encuentra el Departamento de Estado. Desde que Trump tomó posesión, el número de diplomáticos y funcionarios de carrera de rango medio, que son los que cuentan con unos 15 años de experiencia, se han marchado, dejando un gran hueco que no puede ser llenado.

Si ese éxodo continúa en los próximos cuatro años, el Departamento de Estado estará en una situación comprometida. Unido a ello, se ha interrumpido el reclutamiento de diplomáticos, lo que significa que, junto con las jubilaciones masivas de los últimos años, se habrá perdido el mayor talento que poseía la institución.

La baja moral es también otro aspecto que preocupa mucho a quienes fueron consultados. Y algunos insisten en que es un elemento que cada día se agudiza con la manera en que se toman las decisiones y cómo se prioriza la política sobre la de los intereses nacionales de la nación estadounidense.

El informe se puede encontrar en la siguiente página web (en inglés) https://www.thesituationreports.com/

China: setenta años de totalitarismo

China está celebrando el 70 aniversario de la creación de la República Popular en medio de una crisis creciente en Hong Kong, una expansión tecnológica creciente, una mejora del bienestar para importantes capas sociales, la piedra de Taiwán en el zapato autoritario de Pekín y un férreo control de la sociedad china en la que las libertades civiles brillan por su ausencia. Y todo es en el marco de una disputa comercial con Estados Unidos.

Este aumento del bienestar, el barniz modernizador, el barniz cosmético del Estado autoritario y una mayor dosis de diplomacia aparentemente moderada tienen seducidos a no pocos intelectuales europeos siempre dispuestos a tolerar la ausencia de libertades ajenas si pueden mejorar el estatus material. Y los gobiernos europeos encantados porque pueden, sin oposición significativa, volcarse en ganar el mercado chino cerrando los ojos a la brutalidad y explicarlo en nombre del pragmatismo.

Pero la realidad es que China ha fortalecido, si Hong Kong no acaba demostrando o contrario, su estabilidad interna y es un protagonista imprescindible en los conflictos internacionales.

Ese es el panorama. Atrás quedan los crímenes sin pudor de Mao, las hambrunas, la represión brutal y masiva. Ahora el régimen consigue lo mismo con sofisticación tecnológica y un mayor cinismo. Esa es la China de ahora.